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Carrera con obstáculos


En todo el ámbito deportivo no hay un sitio más caliente e incómodo que el lugar en la banca del Director Técnico de la selección nacional mexicana.

Desde que tengo uso de razón; bueno dicho mejor, desde que me acuerdo, no pasa un día al mes (mínimo) en que alguien le surta con singular entusiasmo al entrenador en turno; no se diga cuando juega el combinado nacional algún encuentro, o peor, cuando le toca ir a equis torneo; entonces sí se pone feo y la figura del mentor balompédico tricolor anda de pilar a poste, entre las líneas de la información y la opinión publica general, un día sí y el otro también.

Ocurre siempre el mismo fenómeno; en el momento que llega el nuevo estratega, parece ser el bueno, ese mítico héroe que nos hará surcar las praderas del triunfo cabalgando en un bello corcel hasta alcanzar el ansiado quinto partido. Sin embargo a la hora de la verdad, nos salen con una barrabas. En sus primeros partidos contra los flanes del área y una que otra gelatina invitada de ultramar, la selección se lució, a pesar de que el señor cafetalero traía una extraña idea de “rotaciones” los verdes soportaban sus locuras y cumplían.

Hasta que tuvieron que enfrentarse a equipos serios; un picoso y determinante siete por cero despertó a todos a la terrible realidad; el señor Osorio no es, ni cerca, un técnico de selección, mientras que el equipo “de todos” es un puñado de niños malcriados carentes de vergüenza y liderazgo.

Hasta aquí la cosa no está nada bien.

Pero como dijera el célebre conductor de la televisión mexicana Raúl Velasco (si tienes menos de veinte y estás leyendo, pregúntale a tus padres quién era): “Aún hay más”.

Pues con la bendita regla 10/8; se han cerrado las oportunidades a su mínima expresión, para el joven jugador mexicano.

Existen conjuntos como los Xolos de Tijuana que solo tienen tres mexicanos en sus filas.

La liga está llena de jugadores de medio pelo venidos de Sudamérica; y seamos honestos, tampoco ha subido el nivel de espectáculo.

¿Qué va a pasar? Pues hay de dos sopas; una es, no emocionarnos más con la selección, porque con tan pocos jugadores naturales de México que va a producir la liga, no alcanzará para competirle a nadie; la otra es jugar con naturalizados.

Y en ambos casos, permítame asegurarle que: NO llegará nuca ese mítico héroe que nos hará surcar las praderas del triunfo cabalgando en un bello corcel hasta alcanzar el ansiado quinto partido.

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