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Mucho se habló, se habla y se hablara sobre el tema de seguridad o inseguridad,  esto depende el enfoque que usted quiera o desee darle. De igual forma se dan cifras, estadísticas o se hacen declaraciones del estatus que en este rubro guarda la ciudad o entidad que habitamos, incluso, a nivel nacional.

 

Pero así como los funcionarios en turno y al paso de los años nos quieren  hacen ver que las cosas marchan sobre ruedas y que se está trabajando en la lucha contra la delincuencia, sin importar el nivel de esta; en diversas ocasiones la ciudadanía común y corriente, esas que no viajan a bordo de carros blindados, ni escoltas de seguridad, popularmente conocidos cono “guaruras” o “guarros”, nos hemos hecho infinidad de preguntas al respecto: ¿por qué si las estadísticas que nos presentan señalan que la delincuencia común y/o el crimen organizado ha sido mermado en nuestro entorno local o nacional seguimos viviendo con temor, miedo y en ocasiones hasta con terror?

 

Sólo basta hacer un pequeño ejercicio. En una reunión cualquiera, el común denominador de las pláticas es sobre delincuencia; que a uno lo asaltaron, que a otro le robaron su auto o que al amigo de la prima le asesinaron un familiar y así, como estos ejemplos, se pudieran seguir mencionando otros diferentes y de varios “calibres” y que ha padecido la ciudadanía.

 

Ahhh, pero la percepción de otros tantos, los menos, es que vivimos en un estado de seguridad que muchos envidiarían. ¿Pero quiénes son esos pocos?

 

Serán acaso aquellos como el Ejecutivo federal o estatales, senadores, diputados federales y/o locales  u otro tipo de funcionarios públicos serían capaces de transitar por las calles de sus ciudades o estados completamente solos, sin escoltas ya sea a plena luz del día o a altas horas de la noche.

 

Es aquí en donde la mayoría de ellos, si no es que todos, carecen de esa sensibilidad que atormenta “al ciudadano de a pie”, ese incesante temor de poder llegar a su casa sin ser víctima de la delincuencia o tal vez de no lograr llegar a su hogar.

 

Lo cierto es que por décadas las autoridades correspondientes han anunciado con bombo y platillo ha ido disminuyendo, pero si fuera cierto, nos atrevemos a decir que el fenómeno de  la delincuencia fuera mínimo o, tal vez, sólo tal vez, ya no existiera.

 

O usted estimado lector recuerda algún funcionario que haya dejado de lado su arrogancia y haya aceptado abiertamente que el combate al crimen común u organizado es una tarea que no se ha podido cumplir.

 

Pero eso que importa, si esos “jefes” políticos o policiacos realmente no saben  lo que es ser un “ciudadano de a pie”, esos que seguiremos siendo las principales víctimas de esta cáncer social.

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