Jesús Carranza

LA PROSA DE LO HUMANO


¿LA RAZÓN ESTÁ DE PARTE DE TRUMP?

 

Dos hechos relacionados con actos de deshonestidad marcaron la agenda de la semana que terminó.  El director del periódico La Prensa, un señor de nombre Mauricio Ortega, le dio la razón a Donald Trump sobre lo que éste piensa de los mexicanos, al robarse durante el juego del Súper Tazón el jersey del quarterback de los patriotas de Nueva Inglaterra, Tom Brady.

 

Cuando las autoridades gringas y las mexicanas descubrieron al ladrón, los dueños del periódico lo echaron a la calle. Las autoridades gringas le dieron a los sabuesos de la PGR los datos para que catearan su domicilio. Además, le localizaron otro jersey y un casco.

 

Otro hecho escandaloso,  a la ex aeromoza y presidenta  del Sol Azteca le sacaron a balcón un lujoso departamento en Miami, Florida, la ciudad de los cubanos que reniegan de Fidel Castro y del comunismo, el mejor sistema económico del mundo, según el propio PRD. La casa chica está valuada en casi un millón de dólares: veinte millones de pesos, según esté el tipo de cambio. Tal parece que la deshonestidad no es cuestión de partidos, sino de raza. Ricardo Anaya, del PAN, el otro líder opositor, tiene asimismo en Estados Unidos familia y propiedades: no confían éstos en la estabilidad económica y social del país donde medran todo lo que pueden, acopiando hasta el último centavo.

 

Acá en Coahuila, en voz del comerciante Raúl González, éste reveló que de acuerdo a videos de distintas tiendas de Saltillo, los padres ladrones inician  a sus críos en la delincuencia. Está documentado en video, mujeres y hombres acompañados de sus hijos, al momento de sustraer mercancía de las negociaciones.  Acaso los usen como pequeños escudos humanos. Lo cierto es que los hogares se convierten en escuelas del crimen.

 

En México hay comunidades enteras que apoyan a los narcotraficantes, cuando llegan a esos lugares los elementos del  Ejército y la Marina,  las mujeres se hacen acompañar por sus hijos para  provocar a las fuerzas armadas, y después acusarlos de violación  de sus   derechos humanos.

 

Al inicio de la gestión gubernamental, los narcotraficantes pagaron a familias enteras de la Región Centro de Coahuila, para que se manifestaran en Saltillo  en las inmediaciones del domicilio particular del Gobernador Rubén Moreira.

 

Muchas mujeres prefieren de novio al hijo del narco de la colonia. La compañía de un sujeto de la peor calaña ofrece seguridad y status a ciertas mujercitas; éstas se empoderan con un malviviente.

 

Cada día son más los que se van por el camino fuera de la ley. Les resulta más redituable.  El “pasado de lanza” es visto con admiración, mientras que el honrado resulta ser un ente raro.

 

En las estaciones del metro y del ferrocarril de pasajeros de Estados Unidos, no hay empleados que vendan boletos. En vez de los burocráticos expendedores, que laboran en el metro de la Ciudad de México, en las estaciones del metro de las principales ciudades de la Unión Americana, una máquina le vende al usuario los boletos para acceder al trasporte colectivo. En el metro, el usuario puede comprar una tarjeta, que se recarga en la misma máquina. No hay boleteros ni inspectores verificando que los usuarios de estos servicios hayan pagado su traslado o que la tarjeta esté activada.

 

Las empresas de trasporte público, así como la mayoría de los servicios públicos en Estados Unidos, operan bajo el principio de buena fe.

 

¿Cuántas empresas en México operarían bajo este principio? Ninguna. Está en la naturaleza de la mayoría de los mexicanos la trampa y el chanchullo.

 

Basta ver los periódicos, ahí están documentados los latrocinios de todo tipo de diversos personajes, desde el prestador de servicios que estafa a sus clientes, empresarios que evaden el fisco, sin faltar los funcionarios públicos que le dan zarpazos al erario.

 

En Estados Unidos los fiscales tejanos desvalijan a los políticos coahuilenses que han saqueado las arcas públicas, acusándolos de algo que no debería ser pecado para su moral puritana y centavera: el lavado de dinero.

 

Mucha gente se conecta de forma clandestina a  la red de agua potable;  comunidades enteras se benefician del robo de combustible;  otros se  roban las señales de los sistemas de televisión satelital; otros más ponen diablitos para robarse la energía eléctrica y funcionarios de la CFE se enriquecen saqueando la empresa, verbigracia: el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa  y su jugosa indemnización.

 

En México, el catálogo de latrocinios cometidos por funcionarios públicos y gente común es vasto.

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