DERECHO A MORIR

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DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD NO ES SINÓNIMO DE EUTANASIA

Cada que se pronuncian las palabras, morir con dignidad, estalla la controversia, se activan los tabúes y los fundamentalismos, pues de inmediato se asocia o se toma como sinónimo de eutanasia, es decir, como un atentado contra el derecho a la vida que tanto se pregona; pero pocas veces reparamos en que la misma vida envuelve a la muerte, que tenemos derecho a vivir dignamente y a morir con dignidad. Me explico, las personas que mueren día a día por inanición, a manos de la delincuencia o en accidentes viales no murieron en una forma decorosa u honorable, podemos decir, acaso, que esas personas hubieran elegido morir en otras condiciones, por ejemplo, en una edad senil, con un ciclo vital acabado –tener hijos, obtener desarrollo profesional, personal, etc.- y/o rodeados de sus seres queridos y de atenciones. Lo anterior no es igual a decir que se practique eutanasia para acabar con la vida, sino de hablar acerca de las decisiones que se toman al final de la vida, para hacer más agradable el proceso a la persona y a su familia. Me atrevo a declarar enérgicamente que las siguientes líneas no son una proclama a favor de la eutanasia, pues en este caso no me declaro ni a favor ni en contra; más bien proclamo que el derecho a morir dignamente no es sinónimo de eutanasia.

La Constitución Política de la Ciudad de México, establece en el capítulo VI De los Derecho Humanos, artículo 6°, apartado A. lo siguiente: Derecho a la autodeterminación personal: 1. Toda persona tiene derecho a la autodeterminación y al libre desarrollo de una personalidad. 2. Este derecho humano fundamental deberá posibilitar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus capacidades para vivir con dignidad. La vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna. Para analizar esta última parte del artículo, primero es menester entender qué se entiende por dignidad o cuál es el estatus jurídico de la dignidad. Y en segundo lugar distinguir entre muerte digna, eutanasia, suicidio médicamente asistido y suicidio asistido. Sin lugar a dudas suena colosal y complicado, pero no imposible. Se advierte al lector que no se realizará un estudio exhaustivo de las figuras.

La dignidad es un concepto versátil, que se emplea en el Derecho como un principio de interpretación y como una norma jurídica (tal como lo sostiene la jurisprudencia número 1a./J. 37/2016 emitida en agosto de 2016). Decimos que es un concepto versátil porque actualmente tiene 4 formas de proyectarse: 1) la dignidad como condición innata al ser humano; 2) la dignidad como valor intrínseco derivado de la humanidad –como la ley moral que posee el ser humano; 3) la dignidad como un comportamiento mesurado; y 4) la dignidad como la actitud de respeto con la de que las personas deben de ser tratadas, o sea tratar con honorabilidad –ampliamente desarrollado por McCrudden. Esto cuatro aspectos constituyen el núcleo mínimo de la dignidad ampliamente desarrollado por los ejercicios jurisprudenciales y de interpretación judicial a nivel internacional. En esa línea de pensamiento morir dignamente encarna la idea del valor intrínseco de los seres humanos hasta en sus últimos momentos, y el comportamiento mesurado y respetuoso que se le debe, en términos de Schiller la dignidad en los últimos días de una persona se traduce en la gracia, la benevolencia y el buen trato que debe recibir toda persona al final de sus días.

Por su parte la eutanasia es en palabras de la Dra. Asunción Álvarez del Río, el procedimiento que lleva a cabo un médico para producir la muerte de un paciente sin dolor, previa petición de éste. El suicidio médicamente asistido es la acción de un médico de proporcionar al paciente medios para terminar con su vida (como la prescripción de opiáceos). Y el suicidio asistido es proporcionar a una persona medios para suicidarse, pero en este caso no interviene el médico. Como se puede apreciar en ninguna parte de las definiciones se habla de morir dignamente…porque las figuras no son sinónimos.

Cuando un paciente ejerce su derecho a rechazar un tratamiento que no ayudará a restablecer su salud, ante una muerte inevitable, no estamos hablando de eutanasia, sino de las decisiones que se toman al final de la vida para morir con dignidad y cuidando la integridad física y emocional de la persona. Delimitar la actuación del médico, elegir si se desea morir en casa, no es eutanasia. Si bien la Ley de Voluntad Anticipada de la Ciudad de México custodia el derecho a morir con dignidad, limita ese derecho, desafortunadamente, a los pacientes con enfermedades terminales (de 3 a 6 meses de esperanza de vida) olvidando a pacientes con Alzheimer, cuadrapléjicos, quienes no pueden disponer de su derecho a la autodeterminación para limitar la actuación del médico o rechazar tratamiento fútiles o soporte vital para ciertos cuadros clínico-biológicos que decantarán en muerte. Gracias a los tabúes arraigados en conceptos religiosos este tipo de circunstancias no se pueden discutir abiertamente. Con estas líneas se invita a la reflexión y a no confundir eutanasia con muerte digna como derecho humano al que debemos acceder.

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