APOCALIPSIS EN EL METRO

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¿Qué es insensibilidad? ¿Qué rayar en lo absurdo? Y ¿qué significa castigar al sensible, al humano, y qué solapar al corrupto, al que violenta derechos, al que permite a ladrones, al indolente que no sabe ser director de un STC (Metro) y permite fallas donde a diario millones sufren calvarios por retrasos, robos o abusos sexuales? Un ataúd, deudos que no lo son, y un policía bancario Nicolás Hernández Hernández que mostró sensibilidad, incluso a costa de sanción con suspensión, por dejar pasar, un féretro, (prohíbe la ley, ¡objetos voluminosos!) ¿Y la droga, y las armas, y a los desquiciados que arrojan a las vías y matan personas?

Preguntas que llevan a más preguntas. ¿Se premia por igual la sensibilidad, el humanismo? Una sanción que hace reflexionar ¿a qué lleva, qué refleja, qué mensaje da a otros policías?, hoy tan vilipendiados todos por errores de algunos y tan sensibles, pocos, pero castigados muchos, por una acción hoy tan ejercida por pocos ¡la sensibilidad! Tan odiados esos policías por igual, cuando solo unos son los que cometen abusos, y muchos, sin castigo. Tan poco respetados socialmente quienes cumplen. ¿Qué genera un titular del Metro? -Jorge Gaviño Ambriz- al sancionar la sensibilidad de ese policía que creyó en aquellos que usaron el dolor y se victimizaron para engañar, para timar, para pudrir tal vez hoy esa alma que les mostró su solidaridad. ¿Por qué no castigar el abuso y el engaño? ¿Por qué lastimar a quien muestra corazón y se conduele de la “carencia” de otros? Sensibilidad es la facultad de sentir, de percibir.

En psicología, es empatía, ética, moral, compasión ¡HUMANIDAD! ¿Que merece castigo o sanción? Que desvirtuados tenemos los conceptos, que mala interpretación se da a los actos de buena fe. Que lastimoso tener al frente del más importante medido de transporte a un ser que confunde términos, que no revaloriza sentires ni estímulos externos. Que triste que no haya organismos que impulsen a policías por los que me pongo de pie, por ese Nico al que le aplaudo, mientras repudio al que castiga y usa el absurdo como mensaje; a quien trata sin raciocinio, sin esa facultad de tomar decisiones justas, lógicas y coherentes.

Que lamentable que tenga libertad aquel para fabricar su propia razón, su propia arma de acuerdo a su “habilidad y raciocinio”, aquellos que usan su libertad de expresión, tal vez justa en la demanda, pero condenable en el engaño, para que uno, el que puede, determinar lo que cree debe sancionarse, y otro, el timador, para afectar por no visualizar y dejar pasar a los amantes del abuso, del engaño, de la irresponsabilidad, para que usen sus armas que timan y afectan al que muestra solo sensatez, sensibilidad y sobre todo, principios de HUMANIDAD, hoy tan escasos en cada empleado, sea de gobierno o de iniciativa privada.

Valores tan extraños de ver, que son más fáciles de castigar que de avalar y premiar o al menos defender y alentar. Yo, solo diré a ese policía, qué tal vez no me lea, a Nico, y aquellos que son como él, y qué tal vez no lean tampoco, y por el cual, por los cuales muestro mi respeto, mi admiración y otorgo estas humildes líneas…¡No dejes, no dejen de ser sensibles, de ofrecer HUMANISMO! No…Como dice Quevedo “No callen por más que con el dedo ya tocando la boca o ya la frente, avisen o amenacen de miedo”. Y a ti, Gaviño Ambriz, que con vergüenza ocupas un cargo, a través de Francisco Quevedo, también te digo: “Donde hay poca Justicia, es un ¡peligro! Tener razón”

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