EL USO PERVERSO DEL AMPARO

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El amparo surgió como un escudo protector de los particulares frente al Estado, es una herramienta muy valiosa que no pierde vigencia, sin embargo su trascendencia se ve opacada por el mal uso que los operadores jurídicos –palabra que no equivale a la de juristas- hacen del mismo, pero también atenta contra esta noble institución el uso negligente de los particulares, quienes ven en esta figura una llave maestra para domeñar el interés social. Hablamos de una responsabilidad compartida en emplear de manera correcta al amparo, si bien en gran medida se espera más del profesionista, porque al momento de llevar a cabo los actos, él está informado de los alcances debido a su formación, también es cierto que como agentes morales todos los particulares tenemos la facultad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto; dicho sea de paso estoy consciente que a veces la vida no es solo blanco y negro, pero partiendo de un contexto básico y más cotidiano, sin entra en casos frontera, podemos me atrevo a señalar, que todos debemos respetar las instituciones, porque de otra manera no podemos exigir trasparencia. El amparo se ha convertido en un arma para evadir sanciones y la debida observancia de la ley –en algunos casos.

La formación cada vez más tecnócrata de los profesionistas a nivel mundial, ha mercantilizado a la educación, tan solo en el lenguaje escolar cotidiano decimos: “debo o adeudo tal materia”, “me falta acreditar”, “no acredito”; como si se tratara tan solo de llenar requisitos para la acceder a un crédito para comprar una casa o en este caso montar un despacho. El olvido del humanismo en el discurso educativo ha afectado a tal grado que la misma evaluación educativa –que no pedagógica- se ha convertido en una serie de rituales para constituir la meritocracia que impera en la sociedad, pues se asignan valores al individuo y se le da el adjetivo calificativo de “mejor”. Es decir, la evaluación en este contexto se convierte en el ejercicio de un poder selectivo, o un ejercicio de poder sobre el alumno. El problema de seleccionar es el diseño y los parámetros para llevar a cabo dicha selección, que garantiza únicamente la eficiencia terminal a todos los niveles, lo que provoca ciudadanos insolentes –no todos.

Para el caso en específico de los abogados es necesaria la inclusión en el mapa curricular, de la asignatura de ética, como estudio formal y no de “relleno”, por ejemplo en instituciones importantes del país, la manera de llevar a cabo la formación ética y cumplir con el requisito, se pide a los alumnos que cumplan con horas de conferencias, y otros eventos académicos, que los pueden ayudar mucho a su desarrollo profesional, pero no a su reflexión ética. Esto quiere decir, que se desprecia a la ética como pilar en la formación de un buen abogado, lo que resulta sumamente contradictorio pues en las reformas al menos de hace un año como la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, la proliferación de la palabra transparencia en normas jurídicas etc., revelan que el ánimo es construir una ciudadanía comprometida con la construcción de la cultura de la legalidad; la implementación de reformas no garantiza al 100% la persuasión ni el cambio cultural.

El uso perverso del amparo se ha visto opacado por el incumplimiento de las autoridades para acatar lo señalado por las sentencias, y lo vimos esta semana con la resolución de la Corte. Empero, esa es sola una cara de la problemática la otra cara es la falta de reflexión ética de profesionistas y particulares, que ven al amparo como un cajón de sastre que se abre para remendar las actuaciones tramposas y no como un medio para restablecer la esfera jurídica verdaderamente vulnerada.

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Un comentario

  1. MARIO HORTA dice:

    Parece mentira, pero una figura jurídica tan noble en su concepción por parte del legislador original, ha derivado en un mecanismo tramposo; en todo un artilugio legal para violar y eludir la cabal aplicación del estado de derecho y el cumplimiento del fin último de todo el constructo teórico y filosófico del derecho. Tal vez es tiempo de atisbar hacia nuevos horizontes que hagan renacer el espíritu original de la figura del amparo en el ámbito del derecho, para que recobre su primigenio valor jurídico. Hay que buscar nuevos y mejores horizontes para el derecho.

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