RELIGIOSO O ESPIRITUAL

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DERECHO A LA RELIGIÓN Y AL DESARROLLO ESPIRITUAL

Inspirada en la lectura del libro de Leonardo Boff, Los Derechos del Corazón –libro que me encanta pues en cada párrafo hay ternura, lo leo una y otra vez porque siempre encuentro algo nuevo-, hoy quiero escribir sobre un tema muy delicado y profundo: el derecho a la religión, en diversos textos legales se le conoce como derecho a la libertad de culto o libertad de conciencia, entre ellos el artículo 24 constitucional también en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ¿pero qué tan esencial es este derecho para el desarrollo de los seres humanos?
En el culto al aparador y a la razón instrumental derivado de la Ilustración y del capitalismo exacerbado, amputó la empatía de los seres humanos, inhibiendo el sentimiento de orfandad y desesperanza mediante el hábito del consumo, el culto a los dioses, fue sustituido por el culto a la tecnociencia y al progreso, la fe en lo intangible, en el absoluto, era cosa medieval y el sentimiento de comunión –re-ligación- propio de los seres humanos se cosificó en la búsqueda de la pareja perfecta, a manera de consumir a la otra persona –incluso la propia maternidad en algunos casos se vive así- pero no de disfrutarla ni de convivir con ella. El consumo desmedido y los pactos materiales son todo para la sociedad actual, que no conoce la contemplación de las ideas ni puede permitirse la soledad y el silencio, tan solo basta ver la contaminación visual y auditiva que nos rodea.

Autores como Adorno y Leonardo Boff han distinguido entre la religión como un sistema de creencias compartido por una comunidad, es decir, como una institución social, que toma el nombre de Iglesia, como la institución por medio de la cual nos reunimos para compartir nuestras creencias y llevar a cabo los rituales. Y la religión como una forma de darle sentido a la existencia, y este es el sentido primigenio que se ha perdido, la religión no es sinónimo de Iglesia, la religión significa religare, es decir, volver a unirse con el todo, con el prójimo, con el entorno porque nos sentimos vulnerables y buscamos darle un sentido a nuestra vida: espiritualidad; incluso el ateísmo da sentido a la vida mediante la negación de Dios. El sentimiento de religación es innato a los seres humanos, y conlleva el entendimiento del otro y su respeto, ya que de esa manera nos volvemos a unir con el todo, parafraseando a Leonardo Boff: el muñeco de sal quería saber qué era el mar, acercándose al mar le preguntó ¿qué eres? El mar respondió para comprender debes entrar en mí, así que el muñeco tocó al mar y se borraron sus dedos, asustado dijo: ¡mira mar lo que me has hecho! Y el mar contestó para saber lo que soy debes dar de ti y yo daré mí; cada que daba un paso el muñeco desaparecía pero de igual forma a cada paso él iba comprendiendo qué era el mar, cuando casi por completo se desvanecía, dijo: ¡lo tengo ahora sé que es el mar! Y sonriendo se hizo uno con el mar mientras decía gustoso: ¡yo soy el mar! De eso se trata de despojarme de mi ser para entender al otro y unirme a él, porque en el fondo pertenezco y soy parte del otro, eso es el sentimiento de religación y no debe confundirse con la Iglesia o con los aciertos y errores de los sistemas de creencias compartidos.

La espiritualidad no es un monopolio de las religiones es un elemento antropológico que distingue a los seres humanos, constituye la identidad y vida interior de las personas, por eso es un derecho humano, que no puede ser sustituido por el culto a las compras, al cuerpo o a la aspiración de ser una súper estrella. Es lamentable que las personas oculten su espirtiualidad por temor a burlas o escarnios, parece que hablar de desarrollo espiritual y derecho a la religión es un tema prohibido, pero es tan importante como el derecho a la salud o a la vida. Tristemente en las escuelas, en los círculos sociales y en los medios de comunicación predomina la formación del espíritu geométrico calculador e interesado en la productividad y el poder; proteger el derecho a la religión conlleva promover una cultura de tolerancia donde se cuide el espíritu de la finura, es decir, dar espacio a la sensibilidad, a la espiritualidad, a los valores, a la creatividad, a las expresiones de amor desinteresadas –y no a la sexualización de las relaciones humanas, donde muchas veces la persona es vista como un medio para satisfacer deseos y no como un compañero (a). Tenemos derecho a religarnos con el otro a conocer su subjetividad y llegar a acuerdos, tenemos obligación de ser gentiles con los demás, porque eso implica el bienestar de todos, no es solamente respetar el culto, es crear una cultura abierta a la pluriculturalidad que nos permita humanizarnos y no convertirnos en autómatas que pretenden comprar felicidad en escaparates. Para mayor abundancia en el tema se puede consultar: Moral, Religión, Ética y Derecho, con el Mtro. Miguel Eduardo Morales Lizárraga disponible en: https://youtu.be/X7TnqB9_T5o

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