EL LADO HUMANO DE LA DEFENSORÍA PÚBLICA EN LA CDMX

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En enero de 2016 tuve a bien coordinar por conducto del Seminario de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UNAM, con la indispensable ayuda del licenciado Guillermo Evando Aguilar Alcántara Director de la Defensoría Pública de la Ciudad de México y el licenciado Mario Daniel Barragán Rodríguez Subdirector de Asistencia Jurídica Penal, el Coloquio: La Relevancia de la Defensa en el Sistema Acusatorio-Adversarial. Dicho evento se llevó a cabo con el fin de dar voz a los defensores de oficio y su labor, que si bien está muy alejada de las cámaras y micrófonos de la prensa y del glamour de los litigantes que ofrecen sus servicios a nivel privado, ello no implica que su labor sea de menor calidad o de menor trascendencia para la sociedad. Reflexionado sobre el éxito de aquel evento recordé la importancia de esta institución.

Muchas veces la defensoría de oficio es vilipendiada, pero pocas veces se habla de su ethos, ya que nació con el fin de asistir y brindar asesoría jurídica a las personas que carecen de recursos económicos para contratar un abogado particular, pero no solo eso, la defensoría de oficio fortalece al Estado de Derecho. En la Ciudad de México la defensoría de oficio se ofrece en las siguientes materias: civil, familiar, arrendamiento inmobiliario, mercantil, mediación, penal y de justicia especializada en adolescentes (artículo 21 de la Ley de la Defensoría de Oficio del Distrito Federal). En otros países se conoce como patrocinio gratuito o beneficio de pobreza. La primera ley en materia federal data de 1922 y el fundamento legal se encuentra en el artículo 20 constitucional, apartado B, fracción VIII.

La defensoría de oficio puede ser solicitada en materia civil, mercantil, arrendamiento previo estudio socioeconómico; en materia penal opera de oficio, es decir, que no se necesita solicitud previa y ni comprobante de ingresos. En materia familiar el juez puede designar de oficio, si es que una de las partes comparece sin abogado, esto con el fin de garantizar el equilibrio procesal (artículo 943 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal).

 

Ante un panorama en el que se alienta la competencia, el individualismo exacerbado, así como el ánimo de lucro y negocio -el mismo artículo 5° constitucional garantiza el libre ejercicio profesional, la profesión de abogado es liberal por excelencia-; la defensoría de oficio es una institución que refrenda los ideales del Estado de beneficencia social, al remarcar la idea de función social de la profesión, es decir, que los conocimientos profesionales sirvan a la comunidad y a personas de escasos recursos.

Lamentablemente la defensoría de oficio, es vista como un trabajo de segunda mano, y no como una labor profesional en beneficio de la sociedad. Si bien no es perfecta la institución, tampoco se vale satanizarla, porque ello contribuye más a su olvido.

 

Existen infinidad de abogados valiosos y comprometidos que ofrecen sus servicios con calidad, muchos de ellos los conocí como compañeros en el Posgrado de la UNAM y ello habla del compromiso que tienen para con su trabajo, pues buscan prepararse obtenido un grado de maestría o especialidad; a otros he tenido el gusto de tenerlos como alumnos en la especialidad de derecho civil, en el posgrado de la UNAM y dicho sea de paso que buenos alumnos han resultado ser; otros de ellos como el licenciado Aguilar Alcántara y el licenciado Barragán Rodríguez, tocan puertas y buscan espacios mediante coloquios y conferencias para promover su labor y propiciar una mejor imagen en la academia, además de compartir sus experiencias con los jóvenes. Recuerdo una defensora de oficio Lorena –maestra de la Facultad de Derecho- a quien una alumna interpeló al señalar que defendía criminales, y ella contestó yo también soy humana, soy madre y te entiendo, tu sentimiento no es mes extraño; pero también soy abogada y mi ética profesional me compele por mandato constitucional a proporcionar una defensa de calidad, pues a eso me comprometí cuando tome protesta como abogada, lo que no implica defenderlo con mentiras, verdades a medias o falsificación de pruebas –eso es calidad profesional sin tanta alharaca mediática.

Sí, los defensores de oficio también son humanos, tienen necesidades, pero lo anterior también revela la responsabilidad para con su trabajo, pocos vemos esto, por eso decidí a manera de agradecimiento y reconocimiento por su esfuerzo y labor dedicar estas líneas a los defensores de oficio.

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