VEJEZ CON DIGNIDAD

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Por una vejez con dignidad

Con mucho cariño dedico las siguientes líneas a las personas de la tercera edad o “abuelitos”, quienes encarnan la inocencia y ternura de los niños; desde hace unos meses prestó ayuda en un asilo para ancianos, tarea que me ha brindado la maravillosa oportunidad de compartir y tender la mano a mi prójimo, además de ser objeto de la ternura y calidez de otros seres humanos. Pero también me ha encauzado a reflexionar en torno a la vejez y sus efectos tanto en la vida cotidiana, como en la esfera pública, pues la juventud divino tesoro que se escurre a través de los años, es reemplazada por la falta de autonomía y la disminución de las funciones mentales, lo que implica dependencia y en muchos casos cuadros depresivos, ante la pérdida de control sobre el propio cuerpo y el abandono emocional del que penosamente, en ocasiones, son víctimas.

El envejecimiento de la población es una realidad en México, tal situación implica un aumento en la población con discapacidad, debido a que en la senectud el organismo humano sufre atrofia cerebral (trasformación morfológica), que se manifiesta por cambios en las funciones mentales, la personalidad y la conducta, en esta etapa el cerebro sufre una disminución considerable de peso y en el número de neuronas. La brecha entre la atrofia cerebral como deterioro cognitivo leve y la demencia debe ser pronosticada por el neurólogo, garantizando al paciente un envejecimiento sin intromisiones severas como un estado de interdicción o en su caso una supervisión más completa que tienda a ayudarlo sin limitarlo de forma tajante.

Es importante señalar que el deterioro cognitivo puede ser leve y consiste en una disminución cuantificable de la memoria y/o más funciones cognoscitivas que no afecta las actividades de la vida diaria, ni cumple con los criterios de síndrome demencial. Su importancia radica en que se considera una fase de transición entre una función cognitiva normal y una demencia. El diagnóstico de demencia no sólo apunta a determinar el deterioro cognitivo, sino también el deterioro del funcionamiento cotidiano, es decir, a la capacidad para realizar las actividades instrumentales de la vida diaria, como la preparación de alimentos, gestión de medicamentos, compras, la economía doméstica y la forma de socializar con la familia.

El deterioro cognoscitivo es un síndrome clínico caracterizado por la pérdida o el deterioro de las funciones mentales en distintos dominios conductuales y neuropsicológicos, tales como memoria, orientación, cálculo, comprensión, juicio, lenguaje, reconocimiento visual, conducta y personalidad. Visto como un síndrome geriátrico, es una alteración de cualquier dimensión de las funciones mentales superiores. Se habla de la demencia, por ser resultado de un deterioro cognitivo grave, pero es importante resaltar que la demencia siempre tiene una enfermedad base como por ejemplo el Alzheimer, que como causa de demencia representa de un 60 a 80%. Otros ejemplos son: la degeneración fronto-temporal, que se caracteriza por falta de empatía, actitudes rudas o toscas o conductas inapropiadas, desinhibición, irritabilidad etc.

El envejecimiento no es únicamente un problema de salud pública, ni un problema de discapacidad que en la vida jurídica se refleja en los juicios de interdicción cuyo objetivo es declarar la incapacidad jurídica de una persona y acto seguido nombrarle un tutor. El envejecimiento es una cuestión de solidaridad, empatía y un área de oportunidad, para dignificar la última etapa de la vida de un ser humano y esa tarea debe ser construida socialmente. Es triste ver el desinterés por las personas que han perdido su juventud, tan solo basta asomarse a las campañas de moda en donde las juventudes reinan y sobran, en donde no hay espacio para la vejez porque no es estéticamente “rentable”. Como sociedad debemos comprender que los ancianos son parte de la comunidad, y que su condición vulnerable nos conmina a tenderles la mano, es decir, a ser caritativos, porque ello nos dignifica como seres humanos.

Si algún día se sienten solos o les sobra tiempo, los conmino a pasar tiempo de calidad en un asilo de ancianos, en donde encontrarán una buena charla, complicidad en silencio, y la bella oportunidad de leer en voz alta para aquellos que han perdido la vista, pero que ansían imaginar y re-crear las historias en los diarios o en los libros.

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