LOS BESOS DE MANUEL….

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Llevaba mucho tiempo intentando hacer las cosas demasiado perfectas, pareciera como si de pronto mi único objetivo fuese quedar bien con todos menos conmigo, tenía miedo de aceptar que me había convertido en un títere emocional de los que rodeaban, de todos aquellos que esperaban mucho de mí, y que no se daban cuenta que yo misma no sabía que esperar.

La vida casi siempre nos lleva por sendas inesperadas y conmigo no sería la excepción, conocí a Manuel en mis años de juventud cuando el apenas era un chiquillo, así que seguramente si no mal recuerdo, me tocó cargarlo un par de veces cuando su madre y la mía se topaban en la tienda donde la mayoría de señoras del vecindario acostumbraban ir a hacer las compras del día así que bueno digamos que nuestra relación de amistad comenzó justo ahí, cuando ambos no pensábamos en nada más que comer y dormir.

Pero desafortunadamente la vida no siempre es tan fácil, es inevitable crecer y tener que tomar un rol distinto en el trágico, y nuestro momento llego mi adolescencia y parte de mi juventud la pase fuera de aquel pueblo en el que la vida parecía tan fácil, cuando menos lo espere yo ya tenía una historia que contar, me había casado y era madre de dos hijos, y pues aunque mi relación no había prosperado para bien, de alguna manera había logrado ser feliz dentro del estándar de la mediana felicidad que la gran mayoría de gente perseguimos, mi vida se resumía entre mis hijos y el trabajo, así que poco a poco me fui creyendo aquello de que la vejez debía traer consigo madurez mental y a un lado quedaron los días de gloriosas fiestas que en algún momento de mi vida llenaban las fechas de mi calendario personal.

En unos días de esos en los que la vida, el destino o simplemente las circunstancias convergen para demostrar que no importa la edad si tienes aun la capacidad de sorprenderte, me tope con aquella sonrisa , a la que siendo muy honesta no le tome la más mínima importancia, para mis adentros pensé solamente que Manuel había crecido tan rápido, como yo había envejecido, así que me dispuse a corresponderle con una sonrisa igual y seguí mi camino, creo que fue la última vez que le pude ver, poco tiempo después me enteré por boca de mi madre que él y su madre habían decido viajar al norte del país en busca de mejores oportunidades laborales.

Una mañana revisando mi mensajería me encontré con el saludo de alguien al que en ese momento identifique como desconocido, mi primer impulso fue ignorar aquel mensaje, pero algo dentro de mi me hizo querer saber exactamente quien era el remitente de dicho texto, asi que decidida le devolví el saludo, rápidamente alguien me respondio y cuando dijo mi nombre supe que me conocía, antes de que yo pudiera cuestionarle su identidad el ya me había dado a conocer su nombre, era Manuel mi vecino aquel que había emigrado del pueblo, asi que con el gusto con el que se saluda a alguien del que no se sabe nada por un tiempo le salude e intercambiamos un par de textos, tuve que despedirme rápidamente ya que debía ir al trabajo, pero alcance a darle mi número telefónico, para que de alguna manera pudiéramos estar en contacto.

Comenzamos hablar exporadicamente al principio, después sin darme cuenta nos escribiamos casi a diario, y un día de pronto el desaparecio, asi de la nada como llego, tengo que reconocer que aunque me sorprendio un poco el hecho, jamas intente cuestionarle aquella ausencia repentina, siempre pensé que sus razones eran muy respetables.

Continue con mi vida normal, y asi de pronto llego diciembre, recuerdo perfectamente que aquel 27 de diembre, un conocido sonido se dejo escuchar en mi móvil, era un mensaje de Manuel…diciendo hola! Como estas?,y aunque por un instante quise no responderle, sucedió como aquella primera vez algo dentro de mi me motivo a hacerlo, platicamos mucho esa noche poniéndonos al día de todo lo que había pasado durante el tiempo que no hablamos, y sin rencores de ningún tipo bromeamos y reimos por largo rato, hasta que al final me dijo, que si podía verme, algo que me sorprendio pues por la distancia le respodí; sería un poco difícil,entonces el dijo…veo que has olvidado que te dije que en diciembre estaría de vista con mi familia en el pueblo, no pude evitar soltar una tremenda carcajada y aceptar mi culpa, cierto lo había olvidado. Aquella noche acordamos salir a cenar la noche siguiente, pero al final nuestro dia se complico asi que le invite a pasar a verme a casa, después de todo por alguna extraordinaria razón , yo me me encontraba sola en esos días, podíamos pasar un rato ameno bebiendo un poco de vino, escuchando música y charlando mucho.

Manuel llego a casa un poco depués de que yo había llegado del trabajo, no pude ver mis expresiones al verlo, pero estoy segura que mis ojos se desorbitaron cuando pudieron ver lo apuesto que él se había puesto; él también menciono que los años me habían sentado de maravilla, yo por mi parte puedo decir que su sonrisa seguía siendo la misma de aquella vez en que nos habíamos topado, lo invite a pasar y a ponerse comodo en un viejo sofá que era la cuna del descanzo de todo personaje que llegara a mi casa con ganas de no irse, hablamos un poco de su familia, de mis hijos, de la vida, de las cosas y asi de la nada, el me soprendio con un beso apasionado, las piernas me temblaron de una forma que yo misma no esperaba, y no pude resistir a perderme en aquel beso con el que toque la gloria, de un beso pasamos a otro y a otro más, y de pronto nuestros cuerpos se hicieron uno, su aliento, su respiración y la mía, hicieron un concierto acompañado de gemidos que simbolizaban toda la pasión reprimida por años, esa pasión que sólo la persona correcta desata fue una noche maravillosa, sus besos fueron la mejor forma de terminar el dia y nos prometimos no desaprovechar ni un solo día de los que él estuviera en el pueblo, y asi fué…

Fueron días de gloria, en los que ambos olvidamos que nos separaban tantas cosas, cosas que en ese momento carecían de importancia ante cada caricia y ante cada beso.

Nos entregamos completos sin mentiras, ni falsas promesas, ambos sabíamos que teníamos las horas contadas, como dos prisioneros condenados a morir, disfrutamos cada segundo de aquellos encuentros. La última noche no hablamos mucho del tema de la despedida, nos miramos a los ojos y nos besamos una y otra vez, hasta sentir adoloridos los labios, nos pedimos perdón por la distancia y por los silencios, y nos prometimos un encuentro futuro, incierto pero seguro, tan seguro como la misma vida o como la misma muerte, en medio del frío de la oscuridad de un uno de enero, Manuel se despidió.

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