PACTO CONTRA LA VIOLENCIA

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La violencia no es sólo política. Diario se ejerce. Y si en lo individual no hacemos un esfuerzo para la cordialidad y respeto en la convivencia diaria, con o sin pacto, las diferencias impondrán odio y enfrentamiento. Empecemos en este espacio con respetar al que piensa diferente. Con no emitir insultos ni enquistar odios, sino promover el argumento.

Las redes sociales se han convertido en el terreno fértil para insultar al otro. Basta subir alguna imagen o un video con actos repugnantes para disparar una serie de calificativos, incluso amenazas de muerte contra aquel o aquellos que aparecen en lo difundido.

Los linchamientos contra ladrones es una muestra que la olla que contenía el descontento social se ha destapado. Los riesgos no son sólo en política o por la ambición de poder, ¡son diario! En el hogar, en el trabajo, durante los traslados, al comprar, al platicar, al entablar una relación, en el matrimonio, en el noviazgo, entre los amigos, con la familia. Basta una diferencia para destapar el encono.

El peligro no es por diferencias ideológicas o de simpatías partidistas, el peligro es el hartazgo a la impunidad, al abuso, la corrupción, una vida que a diario se deteriora por alzas constantes, por omisiones e indolencia de autoridades. Por deficiencias en los servicios. Por acciones negligentes. ¿Y quiénes se benefician de ese enfrentamiento? ¿Quiénes triunfan de enconar, de enfrentar a unos contra otros? ¿Quién, con ese rostro oculto; quién desde el anonimato empuja para que unos y otros se dañen? ¿Quién busca un pacto para proteger a otro, y solapar a aquel? ¿Quién tras un acuerdo da el mensaje que la ley y la impunidad se pueden pactar en beneficio de aquellos?

Pongamos el ejemplo, digamos ¡No! A la violencia diaria, no sólo a la política. Digamos ¡Sí! A un pacto con aquellos para que abatan la inseguridad, frenen la violencia y castiguen al que delinque, al que lastima, al que impone y al que no garantiza esa libertad de simpatizar con una ideología. Pactemos, sí, pactemos que tú cumples y yo respeto; que yo cumplo y tú respetas. Pactemos que tú y yo nos sujetamos a la ley, y no cometemos delitos. Pactemos, que en ningún espacio, ¡en ninguno! Vamos a generar odio ni promovemos enfrentamientos. Pactemos, ganar limpio. Pactemos trabajar honestamente; pactemos respeto mutuo, sin leyes flexibles para unos y enérgicas para otros. Pactemos equidad en el trato y responsabilidad mutua. Y empecemos ahora, sin firmas, con un compromiso y un pacto de creer en la palabra.

“La violencia es el último refugio del incompetente.” (Isaac Asimov)…Y los pactos, del incapaz, diría yo.

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