EDITORIAL JURÍDICO

EL CARNICERO DE LOS BALCANES Y LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD.

 

“Quien no castiga el mal, ordena que se haga”.
Leonardo Da Vinci.

 

A mediados del mes en curso tuvimos conocimiento que el ex-general serbio Ratko Mladić, conocido como el carnicero de los Balcanes fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, por cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, relacionados con el asedio a Sarajevo, en el cual murieron más de 10,000 personas, y por la masacre de Srebrenica, en la que fueron ejecutados más de 7000 hombres y niños bosnios el 11 de julio de 1995, el mayor caso de asesinato en masa cometido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Dicha sanción se emitió en el ámbito del Derecho penal internacional que surge de la evolución de conceptos y principios del Derecho penal, del Derecho internacional público, del Derecho de guerra y del Derecho de los derechos humanos, y que tiene como objeto la protección de bienes jurídicos que la comunidad internacional considera fundamentales para el mantenimiento de la paz mundial. El Derecho penal internacional protege los bienes vitales que constituyen el orden internacional, aquellos que son los más importantes frente a las formas de agresión más graves.

Esta nueva manifestación del desarrollo del hombre, emana de la comunidad internacional y prevé una legislación en donde se establecen los delitos y penas internacionales que obligan por igual a todos los estados, incluso dicha previsión punitiva implica el establecimiento de organismos supranacionales, a los cuales estarían sujetos por igual los particulares y los estados, superando el antiguo paradigma del Derecho internacional público el cual adolece de una de las características más importantes del Derecho, la coercitividad.

Dicha disciplina jurídica contempla los crímenes de guerra y los crímenes en contra de la humanidad, los primeros son actos u omisiones en violación de las leyes y costumbres de la guerra, que por su propia naturaleza afectan solamente a los nacionales de un beligerante y no pueden cometerse en tiempos de paz. En cambio un crimen contra la humanidad no está delimitado de este modo, se diferencia fundamentalmente del mero crimen de guerra, en que abarcan violaciones sistemáticas y reiteradas a los derechos humanos fundamentales cometidas en todo tiempo contra nacionales de cualquier país.

Dicho de otra manera, los crímenes de guerra se refieren a los excesos cometidos por los beligerantes en perjuicio de las personas o de los bienes y no están enderezados a la conducción de la guerra, en cambio los crímenes en contra de la humanidad pueden cometerse durante una guerra, pero no necesariamente en ella, y que, por su atrocidad, conmueven más íntimamente los sentimientos entrañables del hombre.

De esta manera, la comunidad internacional y no únicamente los estados, tienen a su alcance un instrumento jurídico que permite investigar, perseguir y en su caso sancionar, cierto tipo de ilícitos, los cuales debido a la magnitud, crueldad o especiales condiciones en que se cometieron deban sancionarse al haber afectado bienes jurídicos fundamentales que trascienden el orden jurídico de los estados nacionales y que afectan el ámbito de la comunidad internacional.

Otro aspecto fundamental es que dichas regulaciones jurídicas están dirigidas a la delimitación de responsabilidades y a la aplicación de sanciones de manera individual, es decir, que los sujetos objeto de la previsión legal son las personas físicas que han cometido alguna de las conductas previstas en dicho catálogo, lo anterior, con independencia de que dichos sujetos activos del delito tengan determinada filiación política, jerarquía administrativa, o bien, hubieren formado parte de alguna estructura de cualquier estado, gobierno u organización auspiciada por estos.

El Derecho penal internacional está diseñado para tutelar bienes jurídicos individuales, que si bien deben existir en las previsiones del Derecho interno de los estados, al mismo tiempo, al afectarse estos bienes mediante conductas que por su trascendencia, alcances, o brutal ferocidad con que se cometieron se traducen en una afectación jurídica que se extiende al ámbito de los bienes jurídicos colectivos de interés internacional, como lo es la paz mundial. Entre los bienes jurídicos colectivos de orden internacional, precisamente se encuentra garantizar la existencia de los estados y de las naciones, así como de determinados grupos humanos los cuales se encuentren identificados por razones étnicas, culturales, religiosas, o individuales, como la vida, la libertad sexual, o la libertad personal, y que dichos bienes sean atacados masivamente, o de forma sistemática por el poder público, o bien cuando desde éste, se proteja a los particulares que los ataquen.

Cabe destacar que la brutalidad o la magnitud de las conductas delictivas que se lleguen a cometer no califican a éstas para ser materia del Derecho penal internacional, sino que la competencia de esta rama del Derecho está estrictamente reservada a que las infracciones penales se cometan únicamente de manera internacional, de modo que contribuyan a la preparación o ejecución de una guerra prohibida, a la violación de las leyes y costumbres de la guerra, a la creación de situaciones capaces de turbar las relaciones pacíficas entre los estados, o que dichas infracciones típicas se deban a una política nacional que ofenda a la universalidad del sentimiento humano.

Aún y cuando la sanción impuesta surge de un tribunal especialmente creado para juzgar los crímenes cometidos en la antigua Yugoeslavia, la creación posterior de la Corte Penal Internacional evitará que permanezca la crítica dirigida a señalar el establecimiento de tribunales internacionales ad-hoc, en donde por su propia naturaleza éstos no contemplan de manera permanente figuras jurídicas previas como las que hoy se establecen de manera específica en el Estatuto de Roma, es decir, que a dichos tribunales especiales internacionales al momento de instaurarse se les señalaban cuáles serían las conductas delictivas materia de dichos órganos colegiados, conculcando así garantías fundamentales como las del debido proceso legal y las de seguridad jurídica, derivadas de la inexistencia previa de la descripción típica de las conductas que en su caso, podían ser susceptibles de aplicarse a quien las hubiera cometido.

De cualquier forma esperamos que con la aplicación de una pena como la impuesta al sujeto responsable de cometer atrocidades en nombre de un malentendido nacionalismo, contribuirá a mejorar las condiciones de convivencia y tolerancia entre los hombres, haciendo votos para que no se vuelvan a cometer este tipo de delitos que pensábamos habían desaparecido después de la Segunda Guerra Mundial y que lamentablemente advertimos con azoro que siguen prevaleciendo alimentadas por un discurso cargado de odio xenofóbico.

La justicia aunque tarde, finalmente llegó para quien causó tanto dolor a la humanidad, que dios lo perdone porque con su sanción nunca alcanzará a pagar el daño que causó.

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2 Comentarios

  1. Augusto del Pino Estrada dice:

    El artículo en su parte esencial jurídica está bien.
    Como sugerencia a quienes escriben estos temas desde el punto de vista jurídico, deberían de adecuarse a el.
    Por lo tanto dejar a un lado expresiones personales vanas para la materia que tratan, como son las expresiones religiosas.
    Me imagino que no se leería bien en la redacción de un tema jurídico que se refiriera a la aplicación de la pena de muerte y que dijéramos que a los condenados con esta pena “Los perdone dios”.
    Simple comentario técnico.
    Gracias

  2. Julio César Contreras castellanos dice:

    El contexto jurídico de la noticia es algo que no se observa cotidianamente, por ello resulta preciso el comentario de esta nota, lo cual incluso me atrevo a recomendar su lectura a mis múltiples alumnos y exalumnos universitarios, no siempre se aprecia un editorial de está índole, la fluidez del lenguaje utilizado resulta muy tractivo para la lectura, fácil y de inmediata comprensión, sin llegar a los extremos de un riguroso lenguaje jurídico que sería difícil de digerir para el lego en el derecho, pero con un tinte claro y comprensible de la estructura legal que rodea a la nota, muy buen artículo.

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