LAZOS PERDIDOS

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Y ahora que llega aquel mes ”todo amor y felicidad”, escuchar la canción de The Hollies, que en español, significa “Es mi hermano” pero sobre todo leer las diversas versiones que la inspiraron, y que todas llevan a lo mismo -la importancia y el amor entre hermanos-, provoca lo inevitable, recuerdos y auto reflexión, pero principalmente, detestar que por banalidades, otras por intereses mezquinos, muchas más por odios y envidias, se rompa aquel amor filial forjado en la familia.

Cada vez es más presente que la desaparición de los padres o que a su vejez, lleve a los hermanos a enfrentarse unos a otros para despojarse aquello que forjaron con esfuerzo. Cuando desaparecen esos dos pilares que forman una familia, surge cada vez más esa desmedida ambición de aquellos que algunas vez sólo les importó jugar. Esa práctica ancestral de evadir la importancia de un testamento, no sólo aquel que determina a quién o quiénes les dejan propiedades, sino aquel que frene el despojo y deja en el corazón un amor a prueba de ambiciones y pugnas, lleva directo a ¡destruir familias!.

Diversos hogares hoy enfrentan en su interior la lucha de unos contra otros, pero cuando esos que hoy destruyen y hasta matan por apoderarse de lo que a veces ni les costó, los alcance el tiempo y la vejez, deben pensar antes si querrán repetir la historia en sus hijos o en sus nietos. ¿O desearán romper ese eslabón y enquistar la armonía? Esa canción, que tiene muchos versiones de su inspiración, que se remonta una a tan añeja como 1884, y que supuestamente fue en honor a un pequeño vietnamita, a un niño de la calle, que llevó en su espalda a otro protegiéndolo de las inclemencias del tiempo, incluso a una hermana que aún a costa de su propia vida, salva a su hermanito, nos debe mover a la consciencia, pero sobre todo a la ¡Vergüenza!.

A nosotros que adultos no sabemos cómo lidiar con nuestros demonios internos, cuando él, o ella, a su corta edad con acto heroico da ejemplo del valor y el peso que tiene lo filial. La defensa de llevar la misma sangre, incluso de no ser más que amigos,  y decir como aquella canción de Rubén Blades: “familia es familia”.

Por eso para quienes a veces no entienden el actuar, incluso critican los sentires, las decisiones o acciones de quienes no pierden el valor de lo filial. O para ellos, que no entienden que no actuar ni enfrentar igual que aquellos que promueven la batalla, ¡no es debilidad! E insisten y hasta impulsan para provocar ese odio. También para quienes no saben ¿por qué? cuando aquellos que hacen daño, no son frenados de tajo. O para esos que no entienden por qué aguantar. Para los que piensan que basta con romper la línea que une a un hermano. Para esos que les es fácil decir qué hacer y cómo actuar. Para quienes abruman para que lo bélico se anteponga con determinación enérgica. Para quienes no entienden por qué soportar situaciones que destruyen o veces derrotan o deprimen. Para esos que dicen: acepta, tú, yo ¿por qué? Para los que ven cuando tiran y hunden. Para quienes notan la desesperación y les duele. Para esos que les es fácil decir ¡haz! Para quienes no entienden aquella que creen sumisa cuando te saben fuerte, determinante y actuante en otras circunstancias. Para los mismos que sin principios dañan y destruyen apoyan a acabar con lo filial. Para los que te saben capaz de destruir a la menor provocación, pero te detienes por la sangre. Para los que no comprenden que se perdone. Para los que saben que llegaron momentos en que los que se desfallece. Para los que tiran; para los que no tienen corazón y lastiman, para esos que insisten en dañar y no importa lo filial. Para los que contaminan a otros con sus mentiras por justificar sus demonios y anteponer su interés; o para esos que justifican en su beneficio; para quienes imponen su envidia o frustración. Para esos que no se detendrían para continuar con el daño.

A ellos, a aquellos, va el mensaje: ¡Hay quienes no somos igual! La sangre ¡Une! El alma y el ser nunca debe pudrirse por odio ni ambición. Nunca un Caín y Abel, siempre una alma de niño, aún en adulto, para que esa pureza y ejemplo del pequeño vietnamita se anteponga al arrebato de sepultar filial. Tomemos decisiones, asumamos acciones, y enfrentemos sin pesares que el testamento, es un legado.

Que un testamento que deja no sólo una propiedad, sino un mensaje aún después de muerto, frenar para no ser parte de esa maldad que destruye el amor de familia y evita el triunfo de la ambición sobre y lo filial. Hoy visualizo el daño, la insistencia de afectar, pero también a quienes son como ese niño y dicen ¡no soy igual! ¡Es mi hermano! Tal vez no se perdona a aquellos que comparten sangre y son tan diferentes para no querer derramarla, pero de uno depende no romper ese pequeño hilo. Tal vez ya se ha lastimado, pero digamos ¡No! A ser Caín, ¡Sí! A ímpetu de niño que aún en peligro, llevó a la prudencia de no ser igual que otros, y proteger a su hermano. Sé que esa maltrecha unión, que la dio una madre y un padre, hoy en muchos hogares está rota, pero honremos esa memoria. Pena aquel, aquellos que traicionan su sangre, aquel que pudre su ser para dañar, y aquel que no acepta que quienes no están, son los que alguna ves dijeron con orgullo, ¡Son hermanos! Por eso, ¡va por ellos! Esa prudencia y ese aguante, porque al final de nuestra etapa, sabremos que dejamos un testamento, ese que no es de propiedades, sino de un ser que se va en paz de valorar lo filial y saber decir, ¡son mis hermanos!

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