EL DERECHO AL HONOR, JUVENTUD Y REDES SOCIALES

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Hace un mes unos de mis ex maestros de la licenciatura me contactó para que diera una breve plática en la Universidad Panamericana, sobre el derecho al honor –tema que abordo en mi tesis de doctorado-, ya que él consideraba esencial hablar con los jóvenes entorno al respeto que se deben a sí mismos. De igual manera, en días pasados, en una conversación con una maestra del CCH Oriente llegamos a la misma conclusión, es necesario retomar el honor y el mérito en la instrucción de los jóvenes.
Y es que la inmediatez de las comunicaciones ha construido nuevas subjetividades que se viven a través de la sobreexposición del cuerpo y la vida privada en redes sociales, y donde las conductas edificantes se han convertido en algo arcaico y aburrido, pues los desfiguros suben el rating. Si bien las redes sociales son una herramienta que alabo, debido a que ayudan a construir puentes de comunicación con mis estudiantes, lo que facilita resolver tareas, casos prácticos etc., en el peor de los escenarios, su uso indebido puede incitar al odio, vulnerar la intimidad, lo que conduce a arruinar la reputación y lástima la autoestima, concatenado a lo anterior pueden conducir al hostigamiento y al rechazo social.
En la antigua Grecia, existían dos nociones: axiosis y axioma; axiosis, se refiere a una serie de actos o conductas que una persona lleva a cabo para cobrar distinción o valor en la sociedad; y axioma se refiere a un estatus social o rol previamente construido en razón de descender de una estirpe de abolengo. La diferencia entre axiosis y axioma estriba en que la primera no depende del linaje o prosapia, porque se edifica mediante el esfuerzo, en cambio axioma, depende de la condición de nobleza y riqueza, el buen nacimiento (eugenia).
Grecia nunca utilizó el vocablo dignidad, lo que no equivale a decir, que los antiguos griegos no conocieron la idea de dignidad, en materia de filología las palabras arete, axis, time, axiosis, no dieron origen a la dignitas en Roma, y sin embargo semánticamente su connotación se refiere a la serie de comportamientos magnificentes, decorosos, es decir, optar por una vida virtuosa o digna, porque el ser humano se reconoce a sí mismo con un valor intrínseco, por lo que está llamado a adoptar una vida valiosa. De ahí que la figura del héroe que construye su fama a través del mérito y las hazañas es un referente que ha perdurado a la fecha.
Ya en Roma, la palabra dignitas sí denotaba honor, ya que hacía énfasis en el estatus del que se gozaba socialmente, debido un cargo público. De tal manera que el puesto que se ocupaba en la sociedad de acuerdo a la jerarquía, incidía en la dignificación de la persona.
En nuestros días la axiosis y la dignitas, han llegado a los cuerpos jurídicos a través del derecho al honor, ampliamente regulado como un derecho de la personalidad en la Ley de responsabilidad civil para la protección a la vida privada, al honor, y a la propia imagen, a nivel internacional lo encontramos en el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el artículo 11 del Pacto de San José.
En términos jurídicos, se traduce en la serie de proyecciones sociales y psíquicas que la persona tiene de sí misma; y que de igual manera, esa concepción de estima y agasajo que enaltecen a la persona son percibidas, aceptadas y reproducidas por la sociedad, dicha representación de estima tiene un profundo arraigo ético-moral. El honor está íntimamente ligado a los sentimientos de las personas, pero también se asocia a la buena fama y a la buena reputación, ello hace susceptible a la persona de gozar de la consideración ajena, lo que se traduce en la cortesía y deferencia con la que se distingue a una persona en el desenvolvimiento de una relación social; en cuanto a la integridad emocional, se refiere a que la persona no debe sufrir menoscabo en sus emociones o sentimientos. No está de más decir que la vulneración de este derecho conduce a demandas por daño moral
De acuerdo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el derecho al honor se manifiesta en dos dimensiones. La dimensión subjetiva o ética o sea la autoestima, que se exterioriza a partir de conductas que edifican la dignidad de la persona como el autorespeto. Y la dimensión objetiva, externa o social, es la reputación, se traduce en la estimación de la que goza la persona en su círculo social o comunidad, debido a sus cualidades morales, profesionales y los valores que práctica.
Como seres humanos, estamos aquí para dignificar nuestra existencia y la de los demás, de tal manera que tenemos derecho a ser respetados y la obligación de ser respetuosos con nosotros mismos –lo que se conoce como la dimensión ética de la dignidad. Vamos a crear consciencia y rescatar la cultura del autorespeto y la construcción del mérito a través del ejercicio de valores en la comunidad.

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2 Comentarios

  1. VALENTIN SANCHEZ dice:

    me grada su reflexion, está fundamentada en teorias griegas y romans,( de dodonde emana nuestro derecho), es muy interesante, gracias por ese documental.
    quisiera dar más opiniones pero el espacio no me lo pérmitiria.

  2. Eduardo Aurioles dice:

    Totalmente de acuerdo con la exposición. El honor es un valor fundamental al que se ha renunciado bajo el yugo de los antivalores que la globalización se ha encargado de difundir.

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