LA DIGNITAS HOMINIS EN EL RENACIMIENTO

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El uso de la dignidad en el discurso público es un lugar común actualmente, empero no es una palabra nueva, es tan ancestral que el discurso humanista del Renacimiento la hizo resurgir, hoy exploraremos esa historia.

La dignitas hominis es el contrargumento o contrapartida de la concepción conocida como miseria hominis, que condenaba la condición humana, atendiendo a su origen pecaminoso y sus “limitaciones” derivadas del cuerpo. La dignitas hominis, implica manifestar los rasgos divinos del Hombre, mediante la celebración del mayor milagro de la naturaleza: el ser humano. Para encaramar al Hombre como protagonista del mayor milagro de la creación, es decir, divinizarlo, fue necesario reivindicar cuatro características, que enmarcan la particularidad de la condición humana y su vez vertebran el discurso de la dignidad en el Renacimiento: Imago Dei, Homo Curiosus, Homo Faber, y Homo Loques.

Imago Dei: Es tal vez la mayor grandeza del Hombre, porque está hecho a imagen y semejanza de Dios, el cuerpo es templo del alma, es un reflejo de la divinidad. Gracias a la ligereza y fragilidad del cuerpo, el ser humano puede desarrollar sus facultades espirituales e intelectuales. Porque todo lo creado por Dios es excelso de ipso facto, adquiere la calidad de acreedor de respeto y consideración.

Homo Curiosus: La razón –regalo divino- da pie a la capacidad de abstracción, el único que puede interpretar, entender y reproducir al mundo es el Hombre. El ánimo innato por conocer es una proyección de la verdad que habita per se en cada Hombre. La idea de servirse de la razón no es una creación de la Ilustración, sino una continuación de la dignitas hominis. La mejor creación, es libre y no depende de interpretaciones ajenas, su inteligencia lo conmina a obtener la verdad y sobrepasar el estado de infancia mental; la divinidad solo se alcanza a través de la razón.

Homo Faber: Complementa la anterior de forma directa, ya que representa la creatividad, la habilidad para superar adversidades y obstáculos materiales; y se manifiesta mediante la aptitud para crear herramientas, por lo tanto la acción humana incide, y trasforma directamente a la naturaleza, abriendo paso a la creación de cultura. La superioridad del Hombre deriva entonces de su facultad para participar en dos mundos: el abstracto y el terrenal. De ahí que las artes y la técnica florecieran exponencialmente en el Renacimiento.

Homo Loques: El culto al lenguaje a través de las letras caracterizó al Renacimiento, ya que el lenguaje oral y articulado se presenta solo en los seres humanos, en palabras de Aristóteles el ser humano es zoon logon khon, el lenguaje como ya se ha mencionado es pensamiento, es bajo esta línea de pensamiento: razón. El lenguaje ayuda a establecer vínculos y relaciones afectivas con sus congéneres, pero también propicia el diálogo consigo mismo–introspección- esa dimensión de intimidad a la que nadie tiene acceso, pues ello también es parte de su sacralidad. No solo ayuda a construir y reorganizar la realidad sino que es clara manifestación de la divinidad, pues sin entendimiento, las personas carecerían del sentimiento de re-ligación.

La aptitud de humanizarse a través del diálogo, la disposición para relacionarse con los otros y consigo mismo, es una manifestación expresa de la dignidad que enviste al Hombre.

Estos son las cuatro características o mejor llamadas, méritos, que distinguen al ser humano del resto de los animales, y dentro del discurso de la dignita hominis son motivo de celebración y admiración, porque rehabilitación la condición privilegiada del Hombre. De ahora en adelante el ser humano es el vértice a propósito del cual giran las ciencias, las letras, la filosofía y la dignidad sobre todo.

 

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