LOS MEMES, LA CHISPA MEXICANA

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Los memes, producto de acciones o decisiones ya forman parte de la chispa mexicana. A algunos les molesta, a otros les genera un momento de distracción y a los intolerantes, los empuja al enfrentamiento, al odio y hasta la defensa férrea cargada de insulto y pasión desmedida. Se denosta, pero no se reflexiona y menos se analiza. A eso se unen las frases y dichos que contribuyen al folclor mexicano y añadiría, los dichos irresponsables, ¿no impulsan al enojo cuando éstos parecen sólo puntadas? ¡Acostumbrémonos al avance tecnológico!

Pues memes, productos de acciones y declaraciones, hoy también son información. Lo triste de ésto es que el enojo que causan nunca van acompañados de medidas o exigencias que no queden en ridiculizar o en enconar.

Esos memes cargados de verdades (tal vez por eso se ofenden) ante los dicharachos o frases populares debería tener un impacto, más que un simple mensaje. Debería mover conciencias tal y como lo hacía y lo hacen en su momento esos majestuosos cartones de nuestros caricaturistas.

La comunicación por cualquier medio debe mover al análisis sin pasión y a generar acciones que no queden en ridiculizar a unos y enconar a otros.

Lamentable es que cualquier acción gubernamental por loable que sea, sólo arroje resultados inmediatos y negativos para el bolsillo o la estabilidad de familias que viven del trabajo honesto. Conducir un gobierno, lleva a errores, desaciertos y aciertos, ¡y claro que no es fácil!, pero no es con un “me colmaron el plato”, tampoco, con “daños colaterales” ni menos “denle tiempo, porque lleva sólo unos meses”.

Las acciones y decisiones gubernamentales, legislativas o judiciales que combaten lo ilegal, debieran ser estrategias previamente analizadas, y claro tomar en cuenta los impactos negativos y positivos, pero nunca con arranques que desestabilicen la economía nacional y menos a las familias mexicanas, aquellas que se dice proteger.

Los daños colaterales deben ser los menos, pero no impactar a ese trabajador que vive al día. Cuando eso pasa, por muy justificable, algo se hizo mal. Y bien, no queremos decir: “el hombre que no hace nada nunca se equivoca”, pero ¿porqué aceptar un daño colateral porque otros fueron ilegales? ¿Porqué permitir la inmovilidad, la inestabilidad y la zozobra, porque otros son corruptos? ¿No debería darse acciones paralelas para evitar afectar a quienes se desempeñan con honestidad? Es lamentable que se repitan las frases de aquellos que se criticaron: “con aciertos y desaciertos, hemos cumplido con nuestro deber”.

La indolencia (no reacciona o es impasible frente a algo que debería inquietarlo preocuparlo o impresionarlo) y la negligencia, también deberían castigarse.

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