1 DE MARZO, DÍA DE LA CERO DISCRIMINACIÓN

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1 de marzo se conmemora el Día de la cero discriminación, cuyo objetivo es recordar a la gente que tiene el derecho a tener una vida plena, productiva y con dignidad.
La discriminación es una forma de atribuir valor y jerarquización a determinadas características que no corresponden a nuestra realidad, comúnmente apegadas al estereotipo de belleza occidental: tez blanca, color de ojos y cabello claros, y altura.
En el proceso de normalización de la exclusión, quien sale del paradigma es cuestionado y señalado, sin importar cualidades o logros. Su simple apariencia física, procedencia étnica o condición económica son suficientes para ser atacado, resaltó Gabriela Gutiérrez Mendoza, coordinadora de la Unidad para la Igualdad de Género de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Discriminar es dar un trato inmerecido a quien es diferente o no corresponde a lo que usualmente denominamos “normalidad”; es un acto que viola los derechos humanos.
En tanto, el derecho a la no discriminación implica que todas las personas reciban un trato digno, respeto, autonomía, privacidad y confidencialidad; para llegar a ese punto es necesario exigir acciones que la erradiquen y permitan construir condiciones de igualdad, coincidieron académicas de la UNAM.
También se manifiestan en discursos que buscan normalizar las condiciones de exclusión social. “En secretarías de Estado, gobiernos locales y algunas empresas, mientras más alto sea el cargo, hay un proceso de ‘blanqueamiento’: tienen la tez más clara quienes ocupan espacios de autoridad”, afirmó.
Como estrategia para superar la discriminación, es necesario dejar de mirar a los demás como seres ajenos y perjudiciales, y que todos nos reconozcamos como sujetos de derecho, y pasar del “merezco respeto”, a “tengo derechos y los ejerzo”.
Por su parte, Claudia Iveth Álvarez Ramírez, académica de la ENTS, afirmó que la discriminación es un conjunto de ideas que vulneran los derechos de las personas que no cubren ciertos parámetros socialmente aceptados.
“No implica sólo ver feo o bonito, sino una actitud que afecta uno o varios derechos humanos. Se discrimina por edad, orientación sexual, culto religioso, apariencia física o discapacidad; son muy variados los cortes”, comentó.

La universitaria reconoció que hay leyes que condenan y sancionan actos discriminatorios, pero falta trabajo de campo y difusión para reconstruir el tejido social. “Hay un vacío en la labor directa con las comunidades y saber cómo viven la exclusión. A veces es cansado decir a la gente repetidamente que no debe discriminar, pero no hay que quitar el dedo del renglón”, concluyó.

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