¿DE QUIÉN ES MI CUERPO?

Por:

EL CASO DE HENRIETTA LAKS

 

 

Con el fin de conmemorar el Día Internacional de la Mujer, hablaré sobre Henrietta, una mujer a la que la humanidad le debe mucho, pues con su cuerpo nos benefició para erradicar la poliomielitis.
El caso Henrietta Laks: Henrietta era una mujer afroamericana, de estatus socioeconómico muy bajo, murió a los 31 años, a causa de un cáncer cervicouterino muy agresivo, en el año 1951. Ella fue paciente del Hospital de Baltimore, en donde los médicos tratantes, tomaron, sin su consentimiento, muestras y tejidos de su cuerpo –biomateriales- que sirvieron para derivar una línea celular llamada HeLa, línea celular, que fue clave para el desarrollo de la vacuna para la poliomielitis, además ayudó desarrollar otros medicamentos para tratar el herpes, la leucemia y el Parkinson, medicinas, que dicho sea de paso, se traducen en ganancias millonarias para los medicamentos que poseen la patente.
En 2013, los científicos secuenciaron el genoma de Henrietta y lo dieron a conocer públicamente, sin el permiso de la familia. Si bien el Instituto Nacional de Salud, invitó a dos de sus familiares, para formar parte del proyecto HeLa Genome Data Acces, para evaluar las aplicaciones que se ha dado a los biomateriales de Hela, no se convino nada acerca de las implicaciones económicas. ¿Dónde quedó el derecho a la intimidad y la disposición del cuerpo? ¿De quién es el cuerpo y los biomateriales de Henrieta? ¿En qué momento Henrieta fue tratada como centro de decisión, como un ser humano con dignidad? Entendemos que gracias a los avances científicos y tecnológicos en el campo de la medicina, gozamos de mayor calidad de vida, La experimentación en el ámbito de la medicina, es esencial para su avance y el beneficio de las personas, pero dicha mejora no puede ser obtenida a través de la vejación de la integridad física y psíquica de los seres humanos, en entregas sucesivas hablaremos sobre el marco legal para llevar a cabo ensayos clínicos en seres humanos.
Las grandes industrias farmacéuticas poco hacen para señalar que es gracias a los bienes vitales –sangre, plasma, órganos, piel, tejidos, secuencias de ADN, gametos- que han desarrollado medicamentos, cuyas patentes están a su nombre, pues dichos biomateriales son esenciales para conservar y reproducir la vida. Sin duda la labor de los científicos es esencial, sin ellos, a pesar de los materiales, no se podrían mejorar las técnicas y procedimientos; pero también es importante, honrar el cuerpo, pues en ese cuerpo habitó un ser humano que tenía dignidad, que representó en vida, una singularidad, una identidad.
El caso de Henrietta no es aislado, existen más casos a nivel internacional, que incluso han sido motivo de sentencias y precedentes legales, esperamos en sucesivas ocasiones hablar de ellos, y abordar cabalmente el derecho de los biomateriales. Advierto que cuando abordemos dichos temas el lector se preguntará: ¿de quién es mi cuerpo? Si bien la Ley General de Salud excluye del comercio todo tipo de biomateriales (artículos: 320, 321 y 327), a la par del artículo 21 de la Convención de Oviedo, no podemos ignorar esta realidad, más vale regularla adecuadamente. Y a pesar de ello, los biomateriales se constituyen en una fuente de riqueza y de especulación comercial por parte de los corporativos y de la industria farmacéutica.
Sólo me resta decir, muchas gracias Henrietta, pues todos llevamos de manera indirecta algo de ti, y esa esencia nos ha permitido sobrevivir como individuos y como sociedad.

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