CACHORROS

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Son tigres, no cabe duda, pero aún con mucho por crecer fuera de su madriguera, ahí donde las demás especies son rudas y fuertes, donde se determina la verdadera grandeza después de la batalla.

Y es ahí donde el Club Tigres, fundado en 1960, con dos ascensos en su mediana historia, no ha sabido dar el salto, que dicho sea de paso sí lo han dado Pachuca y su acérrimo Monterrey.

Si bien el ‘Tuca’ acabó con un ayuno de 30 años, regresó los reflectores a San Nicolás de los Garza en el 2011 y en su tercera época como director técnico levantó tres títulos de liga, una Copa Mx y un Campeón de Campeones; es también el personaje que ha perdido siete finales con el conjunto felino.

Mucho dinero, inversión y grandes jugadores han visto al club ponerse a la par de otros en la búsqueda de títulos, inclusive de hacerlo ver ‘grande’ en casa, pero hasta ahí.

El tigre aún es un cachorro, al menos así lo ha demostrado en el último lustro en el que promedia una final perdida por año en el plano internacional: 2015, Libertadores ante River Plate; 2015-2016, Concacaf ante América; 2016-2017, Concacaf ante Pachuca; y la de ayer 2018-2019, Concacaf ante Monterrey.

Rayados cobró venganza de esa final tan dolorosa en la Liga MX, acabó con esa maldición e hizo explotar en algarabía y gozo al BBVA Bancomer tras la obtención de un título internacional a costa del vecino incómodo.

El cachorro se murió de nada, otra vez, como ya lo hizo ante un argentino, dos mexicanos y un gringo, sí, el Toronto que lo alejó de una final ante Chivas hace un año; se fue una oportunidad más de consagrarse en la jungla.

Los Tigres resurgirán y seguro se dejarán ver en los puestos de arriba nuevamente, pero por ahora no son más que cachorros en desarrollo con el sueño de algún día sentarse en la mesa de los llamados grandes.

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