¡GRACIAS, MAMÁ!

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Muchas veces dudas en si fuiste buena o eres buena madre. Una reportera siempre tendrá traumas en cuestión de maternidad. No estar con ellas -en mi caso- en momentos importantes, ¡duele aún! No saber lo que es cargarlas y vivir sus triunfos escolares o a veces sus fracasos, lastima el alma -por algo ellas no quisieron periodismo-, pero ver lo que ahora de mujeres y de madres ven en ti, y significas, cambia la percepción.

Nunca sabré si fui o soy buena madre, lo que sé es que jamás me arrepentiré de concebirlas ni tampoco de ser reportera. Nunca olvidaré que sentí cuando aún las tenía en mi vientre. Todavía recuerdo esa sensación.

Esa condición en la redacción de El Heraldo de México -sueño constante que me invadía y me obligaba a buscar una solución-. Iba al baño y ahí sobre la taza dormía un rato, agotada y con ganas de olvidarme del mundo. O aquella pesadumbre que viví durante mi embarazo de Poly; o en aquel viaje al que no quería ir, pero que era mi oportunidad de destacar como reportera novata -en Lomas Taurina-, cuando apenas meses de nacida Jeny, me enviaron a Tijuana. Sí, allá la leche me chorreaba -ya saben por dónde- en demanda de mi beba que estaba a cargo de su padre en la Ciudad de México, mientras yo, supliendo a Javier Rojas en Tijuana. O aquella situación donde mi madre acongojada por mi no llegada decía: “la niña se asoma, y se asoma, duele verla en la reja, asomarse para ver si llegas”.

Tantas situaciones que dejamos de hacer por cumplir con esa adictiva profesión de ser ¡periodista y madre! Por eso a aquella que fue la verdadera madre, que suplió mis ausencias, hoy la añoro, hoy la extraño, hoy le digo: ¡Gracias, mamá!

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