DOS BOCAS Y LA LEGITIMIDAD

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Para el analista político Juan Carlos Rodríguez la realidad era innegable, los ciudadanos que no habían definido su voto en su mayoría se decían indignados por los abusos de quienes ostentaban posiciones de poder y la impunidad con la que actuaban. Era evidente, desde entonces, su hartazgo hacia las élites, política, empresarial, sindical y religiosa.

Luis Osvaldo Valle Rivas, director de Con Estadística, empresa que realizó estudios de opinión para el equipo de campaña del candidato de la alianza PRI-Verde-Panal, mostró por primera vez a un medio de comunicación los análisis que exploraron desde el principio el perfil de los indecisos, cuyos resultados arrojan que López Obrador despegó en realidad con 40% de preferencias, Anaya con 27 y Meade con 24.

Es decir, una vez que se identificaban los sentimientos de los indecisos, López Obrador “cachaba” la mayoría de esos votos, pues se trataba de un grupo inconforme con el régimen que lo gobernaba y los grupos de poder.

Mi teoría es que en las pasadas elecciones presidenciales hubo un doble castigo. La gente nos decía: ‘no sólo no voy a votar por ellos (llámese PRI, PAN, PRD, empresarios, líderes sindicales y jerarcas católicos), sino que además voy a votar por el que más les duele, por el que más afecte sus privilegios’”, cuenta Valle Rivas, quien colaboró con Rolando Ocampo Alcántar, el coordinador de Opinión Pública de Meade y encargado de llevar el pulso sobre las simpatías no sólo de su candidato, sino de Ricardo Anaya y López Obrador.

De acuerdo con las mediciones que, día a día, hizo el equipo de Meade, esta fue la primera elección en la que se votó más “en contra de algo” que “a favor de alguien”. En otras palabras, de los 30 millones de votos que obtuvo el tabasqueño, más de la mitad corresponden a personas que buscaron dar un escarmiento a las élites corruptas, y menos de la mitad son sufragios por simpatía con las propuestas o ideas de López Obrador.

El cálculo cobra sentido si se considera que en las elecciones de 2006 López Obrador había obtenido un techo de 14.6 millones de votos (menos de la mitad de los 30.1 millones de sufragios cosechados en 2018) y que en 2012 se cayó a 9.7 millones de votos (apenas 32% de los conseguidos en 2018).

Hoy se sabe, pues, que el líder de la izquierda no fue el único que ganó los comicios del 1 de julio, la mayoría de los votos los obtuvo el repudio hacia las élites, que se vieron rebasadas en las pasadas elecciones, pues ninguna maniobra o posicionamiento que llevaron a cabo contra el tabasqueño logró restarle votos.

“No se puede entender el sólido triunfo de López Obrador y su partido sin notar que fueron ellos los que ‘cacharon’ de manera contundente a este gran segmento de la población que dijo algo como: ‘yo voy a votar porque ya no nos gobiernen los mismos de siempre’. Ninguna otra fuerza política supo ser atractiva para capitalizar de forma importante esta insatisfacción”, reflexiona Valle Rivas. (Eje Central)

Vale ese análisis para reflexionar lo que ha pasado hasta ahora en el gobierno de López Obrador y las reacciones generadas por cada una de sus decisiones.

Como ejemplo, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que la construcción de la refinería Dos Bocas en Tabasco estará a cargo de Pemex y bajo la coordinación de la secretaria de Energía, Rocío Nahle.

En conferencia de prensa matutina el mandatario indicó que se tomó esta decisión de asumir la administración, supervisión y coordinación para cumplir su palabra de concretarla en tres años y que cueste 160 mil millones de pesos. Informó que el próximo 2 de junio comenzarán los trabajos.

“Es una contradicción, un absurdo que tengamos petróleo crudo y estemos comprando gasolina; que en 40 años no hayamos construido ni una refinería. (…) este es un regreso a que el gobierno pueda llevar a cabo obras por administración directa sin depender”.

Con el objetivo de rescatar la industria petrolera y lograr la autosuficiencia en la producción de energéticos, sostuvo que este proyecto tendrá contenido nacional, ya que, además de no estar bajo la conducción de empresas extranjeras, participarán ingenieros, técnicos, especialistas y trabajadores de Petróleos Mexicanos de planta, transitorios, activos y jubilados, y generará hasta 100 mil empleos.

“Vamos a darle contenido nacional a esta obra. Van a ser ingenieros, especialistas de Pemex, del sector energético los que nos van a ayudar para la construcción de la refinería”. (lopezobrador.org.mx)

Ante tal anuncio, actores políticos y personajes que, en la realidad o en el imaginario público, han estado ligados a los gobiernos anteriores o a los grupos de presión que el presidente llama neoliberales, externaron sus criticas al proyecto de la construcción de la refinería. La mayoría de ellos lo habían hecho ya contra las decisiones aeroportuarias, ferroviarias y de política social del presidente. Señalamientos que, sean objetivos o subjetivos, son inscritos, por los simpatizantes de López Obrador, en la estrategia de campaña que los grupos opositores han articulado para intentar mermar el desempeño del Ejecutivo.

Recordemos que la gente decía: ‘no sólo no voy a votar por ellos (llámese PRI, PAN, PRD, empresarios, líderes sindicales y jerarcas católicos), sino que además voy a votar por el que más les duele, por el que más afecte sus privilegios’. Y a la vista de ellos, tan les afectan las decisiones de López Obrador, que estos grupos privilegiados y sus personeros actúan con una feroz critica hacia todo lo que haga y diga el presidente, con lo cual se fortalece la percepción, ante ellos, que este último está actuando tal y como lo prometió en campaña y respondiendo al sentimiento de los ciudadanos que en su mayoría se decían indignados por los abusos de quienes ostentaban posiciones de poder y la impunidad con la que actuaban. Su hartazgo hacia las élites, política, empresarial, sindical y religiosa hoy sigue siendo una de las fuentes de legitimidad del gobierno de López Obrador.

@Pepevegasicilia
josevega@nuestrarevista.com.mx

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