EL PAPEL DE LA DIGNIDAD EN LAS DECISIONES AL FINAL DE LA VIDA

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En el ámbito clínico, las personas deberían tener el poder de custodiar su dignidad, en el caso de un desenlace esperado como lo es morir, a consecuencia de una enfermedad incurable, gravemente incapacitante, que desgasta emocional y económicamente al paciente y a su familia, padeciendo sufrimientos y dolores innecesarios, empero para comprender la injerencia de la dignidad en este rubro resulta pertinente apuntar un concepto de la misma.

La dignidad como genealogía de los derechos humanos y estrella polar en la bioética, constituye el eslabón que permite establecer la filiación de la ética con el orden jurídico. En virtud de lo anterior la dignidad es la mediadora entre la concepción filosófica de la persona y la concepción jurídica de la persona, para dotar de sentido este encadenamiento ético-jurídico, la dignidad dota de contenido y significado a los derechos humanos pues la meta, para el discurso humanista, es el pleno desarrollo de la persona, de ahí el parentesco entre derechos humanos y dignidad o dicho de otra manera entre ética y derecho. La dignidad es un concepto versátil, que se emplea en el derecho como un principio de interpretación y como una norma jurídica (tal como lo sostiene la jurisprudencia número 1a./J. 37/2016 emitida en agosto de 2016).

Ahora bien, la autonomía en el campo de la medicina, toma inspiración naturalmente en la dignidad, reconocemos que los pacientes son seres autónomos porque los percibimos como personas, como sujetos, no como objetos. Empero el protagonismo de la dignidad es indiscutible, porque hay infinidad de decisiones o hechos clínico-biológicos que pueden lesionar a la dignidad, por eso ella es referente obligado al momento de aplicar los principios. De igual forma toda práctica médica o investigación científica están orientadas por el principio de no maleficencia, mismo que encuentra su arraigo en la dignidad.

Mucho se ha discutido el papel de la dignidad en el proceso de muerte, antes se pugnaba por una muerte digna, empero la muerte no necesita este tipo de adjetivos calificativos, la muerte es sólo eso, muerte. Lo que sí se desea es vivir dignamente el proceso de muerte. Nadie es inmortal, la muerte es inevitable (podríamos decir, que es el hado universal, por excelencia del hombre), el punto crítico es la forma de morir, hoy en día se pugna por una muerte estética y en armonía, sin sufrimientos tortuosos e innecesarios, ejerciendo el poder para seleccionar que tratamientos se desean o cuales rechazar, de igual manera cómo y cuándo recibirlos, mediante este tipo de acciones es como se custodia la dignidad, pues es ella la que dota de contenido a las actuaciones.

En esa línea de pensamiento morir dignamente encarna la idea del valor intrínseco de los seres humanos hasta en sus últimos momentos, y el comportamiento mesurado y respetuoso que se le debe, en términos de Schiller la dignidad en los últimos días de una persona se traduce en la gracia, la benevolencia y el buen trato que debe recibir toda ser viviente al final de sus días.

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