VENTANA ABIERTA

Por:

Al prestigio se opone la rentabilidad

 

La cultura entendida como conocimiento, se aleja cada vez más de su función de explicar y entender el mundo al ser penetrada sin el menor escrúpulo por el consumismo y la industria.

 

La cultura entregada a la comercialización complaciente, sometida a los gustos de un público desinformado e ignorante, destinada a un éxito inmediato, al consumo como una mercancía más, donde los creadores son transformados en “asalariados de servicios” y la gente en voraces consumidores , ha generado las causas de los efectos que como sociedad estamos padeciendo. La muerte de Francisco Toledo, la de nuestra paisana, la gran actriz Beatriz Aguirre y la del filósofo, historiador, antropólogo y maestro, Miguel León Portilla, han pasado como una ventisca desapercibida ante el huracán generado en los medios de comunicación por la muerte del cantante José José.

El desaliento en el saber profetiza un castigo: la cultura humanista está siendo abandonada por los jóvenes atrapados en las redes de comunicación; cualquier respuesta la buscan y creen que la encuentran en el poder cada vez más grande de la información sobre el conocimiento.

La distracción y el entretenimiento aplastan y dominan hoy los valores del espíritu y coartan la reflexión. Es el éxito: lo lucrativo sobre lo que los mercenarios de la economía consideran inútil. Ahora todo es show, espectáculo, distracción. El poder de la inteligencia subordinado a los materialistas de los medios de comunicación masivos. Al prestigio se le opone la rentabilidad; a la reflexión, la maña. Se le presta más atención a un cantante pop, a un deportista o a una estrellita del mundo de la televisión, que además, se la pasan opinando desde su ignorancia como si fueran ilustrados, que a un intelectual destacado o a un científico. Estamos en camino de echar abajo el mundo de las ideas a causa de la supertecnificación, el individualismo y el hiperconsumismo.

Y ahora nos sorprendemos por el actual escepticismo y desconfianza, por la falta de participación de la sociedad y por el desmadre violento reinante. Sufrimos una crisis de valores de graves proporciones.

¿La solución?

thumb_up ¿Te gusta el contenido? Compártelo en tus redes sociales.

Danos tu opinión

Campos marcados con *son obligatorios, su correo no sera publicado.