NO VOY PARA ALLÁ

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Para nadie es raro que la Ciudad de México sea un caos, si no son las feministas son los policías, si no son los policías son los que quieren vivienda, El Barzón, Antorcha campesina, el SME y así la lista puede seguir.

El día de ayer, en lunes, tocó que los manifestantes fueran los taxistas, no sólo de la CDMX, también del Estado de México; desde temprano más de mil trabajadores cerraron importantes vialidades de la ciudad con lo que, literalmente, secuestraron la movilidad de los habitantes.

Cada avenida principal fue cerrada para exigir que el gobierno de la CDMX impida que sigan en uso las plataformas de taxis privados como Uber, Cabifi o Didi, alegando una práctica desleal que los deja sin trabajo, esto pensando que tendrían el apoyo de la ciudadanía, pero estaban muy equivocados.

Mientras la ciudad colapsaba y el metro no se daba abasto por la obvia afluencia, los trabajadores del volante se dedicaron a estacionar sus unidades y echarse una siesta, a desayunar o simplemente platicar; obviamente esto no fue del agrado de nadie, pero la crítica se recrudeció cuando empezaron a circular en redes las imágenes donde jugaban futbol, estaban tomando, drogándose o peor, armando el baile en plena avenida.

A nadie le asombrará que los comentarios fueran de menos a más en el tono con bastante rapidez, pues muchos perdieron un vuelo, no llegaron al trabajo a la escuela o a alguna cita médica por la falta de movilidad.

Sobre todo porque no hubo autoridad que hiciera valer la ley y desalojara a los manifestantes que impedían el libre tránsito, y por supuesto, una vez más, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, brillo por su ausencia.

La nada eficaz jefa de gobierno tiene más tiempo para ir a tomarse la foto populista, esa donde aparece limpiando alguna unidad de transporte o algún letrero del Metro; para dar discursos vacíos y llenos de mentiras con logros que sólo existen en su cabeza.

Pregunto ¿Exactamente a quién se le ocurrió que iban a tener apoyo con una acción así? Lo único que lograron fue que la gente se organizará y pidiera, como castigo, “Una semana sin taxis”.

Y no podemos culparlos, pues si por algo estas plataformas fueron un éxito fue por el pésimo servicio de los taxis comunes; pues en su mayoría son unidades viejas, sucias, con chóferes que parecen no conocer la educación y algunos la higiene, que no te quieren llevar o no traen cambio, solos se han hecho de una fama que los persigue, y que parece no preocuparles cambiar.

No está de más recordarles que, desgraciadamente, hay muchos delitos asociados a los taxistas, desde robos, secuestros, hasta abuso sexual, casi cada semana escuchamos una historia donde una chica desaparece y la última vez que se supo de ella fue cuando tomo un taxi para ir a un lugar al que nunca llegó, esto es inaceptable.

Las historias de terror son muchas, generalmente en zonas de diversión nocturna, donde muchos han pasado por la clásica historia del agua, donde un sólo sorbo hace que al otro día no recuerden que pasó pero amanezcan hasta en hoteles sin pertenencias, y es a los que les fue mejor, porque otros no aparecen.

Cuando se exige piso parejo, debes estar dispuesto a ofrecer lo mismo que el otro, porque no es válido quejarte de alguien que hace lo que tú debiste hacer y cuya omisión te puso en esas circunstancias.

Sobre todo si vas al plantón con una unidad destartalada, sucia, sin placas, con el taxímetro alterado y en estado de ebriedad, ahí si no puedes quejarte si al pedir el apoyo de los ciudadanos te aplican tu máxima: “No se puede, es que no voy para allá”

 

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