SUPONIENDO, SIN CONCEDER

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Por qué la paz genera más muertos que la guerra

Como había señalado algunos meses atrás la tendencia para este año, respecto de la comisión de muertes violentas, era la de continuar a la alza.

La previsión del gobierno, al parecer, había sido que con el cambio de personas en el poder las cosas se “calmarían”, puesto que partían de una premisa teórica muy apreciada por la filosofía de la sospecha: el Estado es responsable de todo. De tal forma que si pasábamos de un gobierno infame a un gobierno benévolo ello solo ocasionaría que muchas cosas tuvieran un arreglo, postura ahora calificada por los gringos como de cuento de hadas, respecto al tema de la seguridad pública. No ocurrió así, lo que era previsible con tan solo asomarse un poquito a observar “la realidad”, puesto que los agentes del gobierno tienen poco control sobre la realidad, cualquiera que esta sea, por eso los gobernantes –del partido que sean- se esfuerzan tanto en los temas de imagen, lo que les preocupa más que cualquier otra cosa en el mundo.

El otro cálculo erróneo que hicieron los responsables de la seguridad pública en este país era que de manera natural los homicidios llegarían a su punto más alto y a partir de ahí, también de manera natural, la tendencia sería a la baja. El ya famoso punto de inflexión del que antes del ovidiazo hablaba con mexicanísima alegría el secretario de Seguridad. Tampoco ocurrió. Y no ocurrió porque pensaban que se trataba de una inercia –la violencia no comenzó el primero de diciembre de 2018, dice el presidente-, y si era tal, lo normal sería que la inercia perdiera fuerza y se desacelerara de manera natural. Pero no se trataba de una inercia, sino de una tendencia.

Efectivamente, desde mediados del sexenio de Felipe Calderón la tendencia es a la alta, cada vez son más los crímenes violentos que se cometen en este país, y así ha seguido, y mientras no se haga algo al respecto así seguirá puesto que se trata de una tendencia. Ya que en este país lo único que crece es la violencia, cual equivocado estaba Nietzsche quien afirmaba que lo único que crecía era el desierto.

La postura gubernamental de dejar a las fuerzas delictivas que se auto regulen tampoco dio resultado, como si se tratara de economía clásica, a la manera de Adam Smith quien planteó en 1776, que una mano invisible movía los mercados y que dejándola operar éstos se regularían y serían felices (esto último no lo dijo pero es como lo entiendo). Lo anterior porque, por una parte, la forma que tienen de autorregularse los grandes grupos delictivos es precisamente a través de lo que se quiere evitar, las grandes masacres, y por otra parte también tenemos que cuando la gente reacciona ante una agresión en la que están de por medio su vida o patrimonio también lo hace de manera violenta, los linchamientos dan cuenta de ello, y últimamente el usar el vehículo en que se encuentran al ser violentados como arma. Esto es que la sociedad ante situaciones límite también se autorregula a través de la muerte violenta.

Desde luego, no planteo soluciones porque me parece muy complicado el panorama respecto a la seguridad pública en nuestro país… y me parece que la práctica de poner políticos en lugar de técnicos tampoco ha funcionado. Al parecer es otro error considerar solamente la dimensión política del delito y tratar el tema como si solamente fuera una cuestión política, pues la realidad nos muestra día a día que no nada más es un tema político, es de violencia, de sufrimiento y no en pocas ocasiones de terror… quizá por eso los muertos nos visitan solamente una vez al año, es tan terrorífica nuestra realidad que prefieren su mundo de tinieblas.

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2 Comentarios

  1. Arturo Campillo dice:

    Muy atinado el análisis y como siempre con excelente redacción. Se comparte totalmente la opinión de alguien que es un erudito en estas cuestiones. Gracias por compartir.

  2. Ana Ma Alcántara dice:

    Excelente análisis, desde luego un humor fino que nos lleva a la reflexión. Felicidades

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