GALEANA RECUPERÓ EL AGUA A SANGRE Y FUEGO

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CDMX.- Después del choque entre insurgentes y realistas del 19 de febrero, vino un marasmo en las actividades bélicas, Calleja escribía a todas horas, siempre quejándose de su salud y carencias de recursos de guerra; pedía cañones de sitio a manera de disculpas por no poder vencer.

Morelos sabía que Calleja preparaba otro ataque, por eso ordenó a sus más allegados que con sus tropas salieran y atacaran a los realistas apostados estratégicamente en los alrededores de Cuautla, con el fin de entorpecer sus planes.

De esa manera, el 11 de marzo fue detenido el norteamericano Nicolás Colé en el Calvario, quien a base de tortuoso tratamiento, habló de la situación que aguardaba Cuautla y una vez exprimida la información, Calleja ordenó lo fusilaran.

Con la detención del norteamericano de apellido Colé, al que interrogaron y torturaron, los realistas se apoderaron de la toma de agua, punto vital que había sido motivo de sanguinarios combates y que en el último de ellos, Hermenegildo Galeana, había rechazado a 300 soldados del Virreinato.

Calleja estaba desconcertado; diariamente atacaba a distancia con una lluvia de metralla de cañones de largo alcance y en respuesta la insurgencia contestaba con griterios festivos como gozo como si se tratara de una fiesta.

El jefe español, ofrecía cinco mil pesos oro a quien entregara a José María Morelos y Pavón.

Los pozos artesianos que aportaban el importante líquido a los insurgentes, tras la abundante demanda de más de cinco mil personas y bestias se agotaron y sobrevino la más espantosa tragedia en Cuautla.

Ahora sí se resentía en toda su crudeza el sitio; era común el dolor de cabeza entre los insurgentes debido al hambre y la sed; no había alimaña que escapara de ser devorada para mitigar las ansias de “algo en el estómago”.

Los realistas cortaron el agua y Morelos instruyó a Hermenegildo Galeana de Bargas a recuperar el nacimiento acuífero y el costeño con sus mejores costeños y pintos de su batallón; les advirtió que el agua era vida la recuperarían a costa de la misma.

Cayeron sobre el destacamento realista fuertemente armado, se desató una fiera batalla; “El Niño” escupía fuego y hacía destrozos en vidas y pertrechos; en tanto los insurgentes levantaban un torreón que permitiría defender el preciado elemento, un grupo de valientes rechazaron todo intento realista de retomarlo.

La acción de Hermenegildo Galeana, devolvió vida a Cuautla, ánimos y respiro al grupo de aguerridos combatientes que la defendían; las penurias terribles continuaban, pero ya las sentían menos…

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