VIOLETA DEL ANÁHUAC

Por:

 

 

“SEGURIDAD BANCARIA”

 

Al realizar un trámite bancario, mientras esperaba a que mi turno llegara, ante un controlador digital de turnos descompuesto, llevó con amabilidad a una trabajadora a convocarnos, formarnos de 10 en 10 para la recta final de la atención. Procuré identificar a la persona que llevaba “la cabeza” del número, esa persona hizo lo propio. Así que cuando se paró, y teniendo yo el número 7, observé que había más de 11 tras él. Pronto comprobamos otra clienta y yo, que había ahí gandallas abusando del respeto para con los demás usuarios.

Ocupé mi lugar. De pronto, observé que una persona tocaba en el brazo a un usuario. Sorprendido y asustado por esa presencia dio un paso hacia atrás, entendí no iba con él, me preocupé hasta que llegó hasta la fila. Pedía caridad y no medía ningún riesgo, ni en las filas, ni en la sillería, y llegaba hasta una zona donde como usuarios, se considera hay más seguridad.

Al comentar con otros usuarios la experiencia, se abrió el tema para encontrar que no solo entran a las sucursales bancarias de nuestra capital personas ajenas a realizar un trámite bancario, sino que llegan hasta las filas y ventanillas a pedir caridad, así como personas que comedidamente le preguntan “quiere piña o jícama”, y si usted cree que es una amabilidad de la banca, se equivoca, son vendedores ambulantes, que entran sin que nadie se los impida.

Y no es un asunto de mojigatería. No es un asunto de exclusión. Lamentablemente hay historias de asaltos dentro de las mismas sucursales bancarias o afuera, en estacionamientos o calles cercanas, donde uno no se explica cómo es que sabían que llevan dinero, que habían retirado recursos de sus cuentas, y hasta la cantidad. Recordé que mientras acompañaba en la ciudad de México a una amiga que sostenía en su mano un cheque producto de una pensión alimenticia, llegó hasta ella una mujer que estaba dentro del banco y le preguntó de qué cantidad era el documento. Más tarde nos dimos cuenta de que no tenía turno, ni era acompañante de persona alguna, pero observaba los movimientos. Al comentar con trabajadores del banco dijeron que no podían desalojarlos, ni a los que pegan la nariz a los cristales para observar mejor los movimientos internos, porque no tienen cargos que aplicarles y éstos los acusan y sancionan.

Pero también la banca, ajena a donde tengamos cuenta, tiene datos nuestros de manera inexplicable que formulan llamadas ofreciendo sus servicios. Si usted tiene una cuenta pendiente con tarjeta de crédito no es necesario que ponga su despertador, le llamarán. Y las historias en los cajeros, así como el mal uso que usuarios dan a esas zonas dejando basura por doquier, hace de una visita una experiencia de riesgo porque la vigilancia de seguridad solo está en los horarios de atención, no fuera ni en fin de semana, ahí están las cámaras, pero eso no es garantía para las y los usuarios.

La seguridad bancaria ha cambiado. Los usuarios debemos cambiar también para adecuarnos a los tiempos que vive y nos muestra. Los riesgos se extienden hasta las tarjetas en tiendas departamentales donde le cargan seguros que usted nunca contrató y no puede cancelar con facilidad y al hacerlo le hacen “firmar” con su voz el compromiso de no presentar queja ni demanda.

Llevar una tarjeta no es garantía de llevar recursos para pagar, puede no “pasar” aunque usted jure y perjure que tiene base económica ya en débito o en crédito, le pedirán otra tarjeta. Como tampoco lo es contratar un seguro por robo. Los trámites posteriores son muchos y cansados. Sí, la banca ha cambiado.

thumb_up ¿Te gusta el contenido? Compártelo en tus redes sociales.

Danos tu opinión

Campos marcados con *son obligatorios, su correo no sera publicado.