1946: LA PROEZA DEL PILOTO ALBERDI

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Jacobo Fernández Alberdi, fue un audaz piloto que dio muestras de una pericia extraordinaria, cruzó por los arcos del monumento de la Revolución dos veces en 1946.

Algunos diarios capitalinos, solo vieron en la hazaña el amarillismo del peligro en que puso poner algunas vidas, la propia y su copiloto, su novia y le publicaron calificativos insultantes
En efecto Fernández Alberdi violó los reglamentos de Aeronavegación, que prohibían estrictamente esa clase de acrobacias; pero ni deja de asombrar su hazaña realizada hace 69 años.

Era una nave de regular tamaño, no una avioneta como se catalogó en un principio, en la que logró la suicida hazaña y violó los reglamentos y ninguna, manera, consideramos mereció que la prensa, le lanzara insultos amarillistas al temerario piloto..

En 1924, se dio un caso similar en Francia; pero el de México, lo superó con creces: un sub-oficial aviador del ejército francés hizo lo mismo en el Arco del Triunfo, en que el riesgo fue muchos menor, ya que la amplitud de la vía de los Campos Elíseos y la dimensión de la arcada, más amplia, sin desmerecer la valentía del piloto galo.

Por ese hecho, el conductor del avión francés, fue condecorado, en el monumento se grabó la fecha y la hora de la proeza; en cambio a Alberdi, se le retiró la licencia de piloto y nadie reconoció el mérito de su vuelo.

Esta es la licencia de Jacobo Fernández Alberdi quien, en realidad, casi desconocía los reglamentos de vuelo nacionales, pues solo hace tres meses que está en el país.

Alberdi era un experimentado piloto, con más de mil ciento cincuenta y tres horas de vuelo, la mayor de ellas en combates aéreos, con un record de dieciocho aparatos enemigos, alemanes e italianos derribados y participó en más de cien combates aéreos.

Combatió en la Resistencia Francesa, fue hecho prisionero varias veces, deportado a España, a las cárceles franquistas, de donde también huyó hacia Portugal y, de ahí, por intervención del Gobierno de México, llegó con nosotros. Trabajó en una fábrica y cobraba por las horas que estaba en el aire. de Revista Aérea, Latinoamericana.

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