MENTIRAS Y VERDADES PROPIAS

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¿Cuántas mentiras hacen verdades. Cuántas versiones son ciertas, aunque convenencieras. Cuántos oídos escuchan sólo al manipulador de hechos y juzgan a otros? Lamentable la ingratitud, ver sólo los errores ajenos y omitir los propios.

Triste la falta de humildad, el insulto, la grosería a lo intocable, a lo que es una figura sagrada. Ingrato quien no reconoce apoyo recibido en momentos de penumbra. Decepción de quienes olvidan con facilidad el respaldo, los favores, los apoyos y no saben decir simplemente: ¡Gracias!, por lo inmerecido. Lamentable la manipulación de hechos y más la ¡Mentira! Esa que crea malos y buenos. Esa que sólo ve verdades propias, y desconoce las ajenas. Aquella que únicamente mira una realidad y esconde la otra. Taladra la condena fácil, el juicio y la difusión pública y escandalosa de lo íntimo. Lastiman los juicios vanos que juzgan y remarcan errores de otros, sin reparo de los propios.

¡Decepciona! Sí, ¡decepciona! Aquellos que atacan, que se unen para no respetar. Pero ahí, está ¡la conciencia! Esa a la que no se le engaña aunque el ojo y el criterio ajeno caigan en el manipulador y mentiroso, que grita: ¡Esos son los malos, y nosotros los buenos! Es ella, que cruel taladra la intimidad de pensamientos.

Es la que educa, y hace las malas jugadas. Sólo ella, es a la que no se le miente, no se le engaña, no se le manipula, porque es la que sin máscaras, con el tiempo te da la lección, y muestra que cuando escupes al cielo, siempre te cae en la cara. La verdad y la justicia llegan, y ahí, no es de malos ni de buenos, es de simple ¡Justicia!

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