EXIGIMOS EL RESPETO DE LA IMAGEN Y EL HONOR DE INGRID ESCAMILLA

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Lo que sucedió con Ingrid Escamilla fue grotesco, no hay palabras para describir la indignación ante su dolorosa muerte. No obstante ello, algunos medios de comunicación han explotado las imágenes del cuerpo de Ingrid, como si no bastara al morbo público con su horrorosa muerte, hay que seguir rindiendo culto a lo escabroso.

Les recordamos a esos medios de comunicación que el cadáver merece un trato digno y respetuoso y que el derecho a la imagen de una persona, que consiste en la reproducción de los rasgos físicos que la caracterizan por cualquier medio ya sea físico o electrónico tiene vigencia a pesar de la muerte de su titular. En este caso hablamos de la defensa pos mortem del derecho a la propia imagen.

Recordemos que de acuerdo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación: que la disposición de cadáver, tutela, conservación y destino del mismo es un derecho que corresponde a la familia, ya que en vida esa persona represento amor, por tanto su memoria debe ser honrada (ver tesis no. 242260). En este sentido la exhibición del cuerpo de Ingrid lesiona un derecho de índole familiar.

Y es que en estos casos se conjuga también el derecho al honor, porque Ingrid fue un ser amado por su familia, sus seres queridos y la comunidad donde ella se desenvolvía tenía una imagen o una serie de consideraciones respecto a ella, y la exhibición de su cuerpo en dicho estado por medios masivos de comunicación y con encabezados denigrantes y burlones afectan esa consideración de la que era partícipe Ingrid, por ella era titular de un derecho al honor y de un derecho a la propia imagen, que nadie tiene derecho a desvirtuar, a pesar de su muerte.

La exhibición de su cuerpo también resulta humillante para Ingrid y su familia, además de ser una muestra de la crudeza que se ofrece a los consumidores, quienes también participan en la humillación al adquirir dichas imágenes. Esta afectación en los sentimientos y proyecciones psíquicas que la persona tiene de sí al igual que la sociedad es un daño moral, hablamos de la responsabilidad civil subjetiva que tienen los periodistas y medios de comunicación con respecto a la dignidad de una persona y de su familia.

No les caería mal leer la ley de responsabilidad civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen en el Distrito Federal. Hace mucha falta sensibilidad, tanto de los medios de comunicación como en los consumidores, quienes atacan la dignidad y el sentimiento de estima del que todos somos acreedores por el simple hecho de que somos seres humanos. No se vale normalizar la violencia mediante la exhibición socarrona de un cuerpo, porque ese cuerpo era parte de una persona que sentía y que es digna a pesar de haber muerto, porque su fama y el recuerdo que de ella conserven sus seres queridos es parte de su derecho al honor y a la propia imagen y no se extingue con su muerte. Ingrid Escamilla sigue siendo digna y su memoria merece todo nuestro respeto.

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