DEMENCIA SENIL

Por:

 

 

Durante mi carrera, y antes de ejercer el periodismo, he sido subalterna que debe, sí, debe acatar órdenes, aún cuando algunas sean absurdas, incoherentes, impositivas o dictatoriales. También tuve personal a mi cargo, y no por ello, dejé de ser subalterna ni exenta de cometer errores, tomé decisiones torpes y hasta autoritarias. Jefa o subalterna, no es fácil, aunque sea desde la trinchera como reportera, directora o secretaria de Comunicación.

Uno, porque como jefa, es difícil aceptar críticas, reconocer errores y sobre todo, ¡modificar conducta! Como subalterna, mi espíritu, -dicen rebelde-, me hizo acatar a regañadientes y hasta desobedecer órdenes que me parecían insensatas, abusivas o irracionales. Por ambos casos padezco las consecuencias. Las menos, mote de rebelde e indisciplinada, así como castigo para que: “aprenda a obedecer”.

Las más, suspensiones, atosigamiento, gritoneo, separación del cargo y hasta ignorarme e imponer a quien cumpliera lo que arbitrariamente se ordenaba y no quise hacer, pues son órdenes. Lastima y duele. Ese enfrentamiento también resultó en despido o desempleo, porque no se acepta a quien piensa las órdenes o no las cumple a cabalidad, aún cuando sean contradictorias. Incluso recibí advertencias: “No te pago para pensar ni para emitir tu opinión, sino para obedecer. Y nunca me desgarré vestiduras ni me hice la víctima de violencia o discriminación. Siempre viví y sentí la frase: “ Una orden, ¡no se discute!”. Pero necia, la discutí y algunas las acaté parcialmente.

Todo por creer que servir es cuidar la “camiseta” para quien trabajas. Por eso cuando un jefe inmediato, por mucha jerarquía que tenga, da órdenes sin pensar, y peor sin realidades objetivas, con tintes torpes, es obligación del subalterno evitar una catástrofe. ¿Y a qué viene ésto? A que no entiendo la actitud de los subalternos del presidente, Andrés Manuel López Obrador, sobre todo si leyeron el artículo del sicólogo francés Gerard Simonelli. De ser cierto lo que sostiene: “López Obrador presenta todos los síntomas de demencia senil”, preocupa y debe ocupar. Según el científico:

“Es evidente que las decisiones que toma en materia de seguridad, economía y salud pública, son más producto de su imaginación y de una distorsión de lo que es real , que estrategia fundamentada en precepto de gobernabilidad”. Y cómo no, basta leer sus argumentos con temas que horrorizan: “el tema del día, feminicidio, se ha manipulado mucho sobre este asunto en los medios, no en todos desde luego.

Los que no nos ven con buenos ojos aprovechan cualquier circunstancia para generar campañas de difamación, así de claro, de distorsión, información falsa. Este es el caso.” Los que saben, dicen que la demencia senil es, lo menos, “olvidos, aptitudes sociales restringidas y razonamiento tan limitado que interfiere en las actividades diarias”. Si el científico es certero en su diagnóstico, debe llevar a los subalternos de López Obrador a pensar antes de acatar órdenes, porque es evidente que varias de ellas, están como lo afirma Simonelli, “Va a ser común, encontrar cada vez más contradicciones entre su proceder y sus discursos”.

Cada área de la estructura presidencial, que incluye la jefatura de gobierno -la cual, no muestra evidente autonomía-, debieran dejar de aplaudir y discutir con el presidente sus decisiones, porque lo menos que han generado son una serie de ingeniosos memes. Lo grave y preocupante es que ese equipo, al menos de cercanos, y su misma esposa -dicen que tras un gran hombre, siempre hay una gran mujer- no analizan con él sus órdenes antes de acatarlas. Lo grave es que una decisión errónea, daña no sólo internamente, sino hasta la imagen de un país y de su población. Es menos grave el desacato, que las consecuencias de cumplir la orden de quien se presume -según el sicólogo francés- tiene: “una capacidad para diferenciar entre lo verdadero y lo absurdo, prácticamente nula.” Por eso urge, funcionarios pensantes y éticos.

Un equipo de hombres y mujeres listas a jalar las riendas, enderezar el barco y darle un rumbo al país, aunque sea sólo en aras de servir a un jefe de Estado. Inclinar la cabeza ante una decisión absurda e insensata, es una ¡traición y deslealtad al país, a su población y contra el mismo al que sirven. Entonces, no estaría de más exhortar al presidente, se someta a estudios sicológicos; también analizar y discutir sus órdenes, antes de acatarlas, porque puede justificarse que algo ande mal en López Obrador, a final de cuentas es una enfermedad, pero que nadie de su gabinete actúe con autonomía, y acate sin pensar una orden por inverosímil o absurda que ésta sea, eso sí es un transtorno o padecimiento senil masivo. Contaminarse con esos actos, lleva a la alteración del juicio de todos. Un deterioro por enfermedad de la corteza cerebral, no se crítica, es eso, deterioro, pero acatar órdenes absurdas y cumplirlas a cabalidad, es ¡Estupidez!..

thumb_up ¿Te gusta el contenido? Compártelo en tus redes sociales.

Danos tu opinión

Campos marcados con *son obligatorios, su correo no sera publicado.