VIOLETA DEL ANÁHUAC

Por:

 

“PARO HISTÓRICO DE MUJERES”

 

El histórico edificio de Palacio Nacional, convertido en sede de Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador y su lugar de residencia familiar, enfrenta una de las crisis más delicadas de su segundo año de ejercicio administrativo: la ira de las mujeres. No fue gratuito. El contexto de la violencia hacia las mujeres encarnadas en dos graves hechos la motivaron. Primero con el asesinato de “Ingrid” que llevó a un gran grupo de feministas a protestas hasta la Puerta Mariana para escribir en su madera la demanda de justicia, misma que se extendió a lo largo de la fachada hasta la Puerta Principal. La demanda de audiencia que se formulaba al Presidente de la República no llegó, pero si su mensaje “no pinten las puertas”.

Días después con el caso “Fátima”, la pequeña de 7 años que encarnó un nuevo feminicidio de alto impacto en la Ciudad de México, el grupo de mujeres volvió a Palacio Nacional. En esta ocasión no “tocaron” la puerta con pintura, tampoco recibieron gas pimienta para dispersarlas. Volvieron a expresar su sentir en la misma pared, en una de las 25 ventanas rectangulares que componen una de las dos hileras, colocaron dos pañuelos, cuatro veladoras y una cartulina que hacía referencia al tema que había ocupado el tiempo del Ejecutivo, el avión presidencial y su rifa (¿?) en cachitos por la Lotería Nacional, con la pregunta “a cómo el cachito de justicia?”.

El enojo es real. No es una respuesta política contra nadie en especial. No hay un representante determinado ni uno o una que haya formado parte de un interés político para descalificar por el simple hecho de hacerlo. Decirlo es intentar descalificar lo que se debiera atender. Es considerar que no hay madurez de las mujeres para entender su demanda y que solo reacciona ante un liderazgo político específico, es no creer en sus capacidades ni en su valía, ni su aportación.

Esto ha generado confusión en el Gobierno, no hay un rostro determinado y ante la falta de un liderazgo del movimiento, se enfrenta a un solo rostro conformado por un gran número de mujeres y no sabe cómo reaccionar, por eso ataca.

Si quisiéramos buscar en el pasado reciente razones para hacer un Paro Nacional encontraríamos algunas relevantes. Por ejemplo, la cancelación de estancias infantiles, la desaparición de espacios de atención educativa para niñas y niños en situación de aprendizaje distinto inmersos en un aula como un sentido de inclusión. Pero los feminicidios de gran impacto y la búsqueda a finales de enero de cancelarla como tal para llevarla al contexto de homicidio agravado, detonó la falta de empatía de un nuevo gobierno que se presentaba como representante de toda la sociedad, como conocedora de la problemática de toda la sociedad, como la esperanza de otorgar justicia a toda la sociedad, de dar respuestas a las familias de las víctimas de la violencia, de los desaparecidos, de los desplazados…

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en México señalan que son asesinadas 10 mujeres cada día. si ante la falta de una cultura de respeto, de inclusión, de igualdad, prevalece el feminicidio por razón de género y se le suma la descalificación y la apatía, el mensaje no es bueno y el paro de mujeres va como dice la convocatoria “Ni una mujer en las calles, ni una mujer en los trabajos, ni una niña en las escuelas, ni una joven en las universidades, ni una mujer comprando”, invisibilizarnos para que nos vean, yo me sumo, el lunes 9 no estaré.

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