LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE MAXIMILIANO

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La República triunfó sobre las fuerzas extranjeras, la soberanía de México fue restaurada y quien la profanó cayó preso, derrotado y consciente de que su sueño monárquico había terminado.

Capturado Maximiliano y sus generales, los llevaron al convento de la Santa Cruz, después, por la disentería del Archiduque fue trasladado a un sitio de mayor consideración, el ex convento de las Teresitas.
El 22 de mayo, fue conducido al convento de las Capuchinas, que fue su casa y prisión hasta el final de sus días.

Afuera se montó una guardia de uniformados en color blanco y armados con fusiles, que custodiaban día y noche.

En el interior había milicias apostadas en los pasillos que conducían a las habitaciones de los presos.

El 21 de mayo, Mariano Escobedo, responsable del sitio a Querétaro y en el momento, de la custodia del Archiduque y sus generales, recibió un telegrama del gobierno de la República desde San Luis Potosí: se le ordenó conformar un Consejo de Guerra.

El 24 de mayo se nombró fiscal al licenciado Manuel Azpíroz, republicano; como relator del juicio Jacinto Meléndez, destacado por sus conocimientos en caligrafía y ortografía; redactó los 314 folios que produjo el juicio.

El archiduque preparaba su defensa.

Se le permitió escribir un telegrama al ministro residente de Prusia, hoy Alemania, en México, Antón Von Magnus; le solicitó que fuera a Querétaro con los abogados Mariano Riva Palacio, yerno de Vicente Guerrero, Rafael Martínez de la Torre y Eulalio Ortega, éste, invitado por el jesuita Agustín Fischer, cercano al archiduque, a formar parte de la defensa.

Entre el séquito de abogados para su defensa, el día 29 de mayo llegó a la ciudad el abogado estadounidense y consultor en derecho Frederic Hall.

Maximiliano permaneció acompañado de su médico Samuel Basch, su secretario José Luis Blasio y dos camaristas.

Le fueron permitidas las visitas entre los que estuvieron miembros de su corte, personalidades diplomáticas como el encargado de negocios de Italia Cavallieri Curtopassi, su homólogo de Bélgica Frederich Hoorickx y de Austria el barón Edward von Lago, el cónsul francés Forest y el diplomático prusiano Antón von Magnus. Del trabajo de Isaí Idekel Tejeda Vallejo, consultor y analista político

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