VIOLETA DEL ANÁHUAC

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Mientras con avidez la ciudadanía sale a las calles en los países que inició el proceso de re incorporación a la sociedad, me preocupan imágenes de Italia y España que muestran a pobladores salir sin que, en una mayoría, guarden el protocolo mínimo para su seguridad y México libra aún batallas locales en la búsqueda de que sus habitantes, en la entendible necesidad de sobrevivir a partir de la economía, pasen por alto la necesaria atención a la emergencia sanitaria. Y es la semana en que inicia la primera y segunda fase del desconfinamiento.

Cuenta la historia que el francés Jean-Baptiste de la Chapelle (1710-1792) fue quien acuño (del sustantivo “skáphos” barca o cesta, y “anér, andrós” sinónimo de hombre) la palabra scaphandre en 1775, cuando ideó un traje de flotación de corcho que inspiró para ser usado por los astronautas y los buceadores al permitirles respirar mediante un conducto a un tanque de oxígeno.

En la importancia de salir, hemos pasado por alto la importancia del futuro, cuando el presente ahoga la posibilidad de encontrar más allá de la preocupación por no ser portadores ni ser contagiados del COVID 19, la de no saber la fórmula para resolver la situación financiera que pende sobre las cabezas en forma de acreedores, de hambre, de miedo. Y hemos dejado muy en el fondo la filosófica condición de fincar el porvenir a partir de nosotr@s mism@s, y partir de nuestra mente.

¿El confinamiento nos llevó a una condición similar a la que experimentan mentalmente quienes están privados de su libertad?. El tema de la violencia al interior del hogar en éste periodo llevó a considerar que el hogar, para algunos, el aislamiento fue un confinamiento de incertidumbre, violencia y miedo.

Si los internos, ya sentenciados, saben en qué fecha alcanzarán su libertad, otros que nunca, la Pandemia de COVID 19 nos llevó a un enclaustramiento sin preparación, nos mantuvo sin reservas materiales y nos abrirá las puertas para un porvenir incierto donde el desempleo, el odio, pueden ser el referente, si no fortalecemos nuestra mente para lidiar con esa realidad si no hay ofertas y alternativas.

Si salimos para regresar a lo mismo sin cambio mental, ¿aprendimos alguna lección del confinamiento?. Si salimos para perdernos en la realidad que solo alegra los sentidos, ¿fortalecimos nuestro espíritu?. Y si ésta pandemia que vive todo el mundo es un mensaje que nos prepara para la era de luz, ¿estamos preparados para vivirlo?.

Hoy, cuando salgan quienes de acuerdo al semáforo que presentó el Gobierno Federal pueden hacerlo, será distinto a cuando nos retiramos de socializar.

¿Habrá un protocolo instaurado para salvaguardar la vida propia y de l@s demás con medidas mínimas, con un cubrebocas, una sana distancia, y la sospecha de tod@s para evitar el contacto humano?

La prospectiva del futuro parece alcanzarnos sin estar preparados. El oxigeno, fundamental para la vida, se ha convertido en un imperativo en la crisis de salud de quienes han sido víctimas de COVID 19. Los cuerpos incinerados quizá porque el virus que mata, no muere. Y los no reportados por miedo?. Tal vez, para volver a empezar, venga el tiempo en que tengamos que circular cada cual con sus heridas, su peso, sus pensamientos y su propia escafandra y quizá para encontrar respuestas sea necesario volver a leer a los filósofos.

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