QUE NO LE DIGAN…

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¿El mundo va a ser igual después de la pandemia? Desde luego que no. Esta es la respuesta en la que coincide todo mudo, aquí y en China.

Efectivamente estamos ante riesgos que prácticamente no conocíamos. Ha sido como enfrentarnos a un mal en la oscuridad que poco a poco hemos ido identificando pero que lamentablemente aun tardaremos en saber cómo, de manera eficiente, podremos enfrentarlo y derrotarlo.

Todo mundo, se señala también, que sin lugar a dudas esta es una experiencia muy dolorosa, por lo que significa en términos de decesos, del dolor familiar, del sufrimiento físico y mental no sólo de quienes han sido infectados, sino igualmente por el miedo al que hay que enfrentarse, a la ansiedad que está padeciendo de manera creciente la población, todos y cada uno de nosotros a consecuencia de virus.

Se dice que son cinco las pandemias más letales que ha enfrentado la humanidad:  Viruela, Sarampión, la mal llamada ‘gripe española, la peste negra y el VIH. La más letal ha sido la primera que, calcula la OMS, mató a 300 millones de personas, mientras que la española, habría matado ente 50 y 100 millones de seres humanos.

Hoy, durante la segunda década del siglo XXI donde la ciencia ha avanzado a pasos agigantados pero que reconoce, no es fácil derrotar al maldito bicho, es necesaria la aportación de todos, como sociedad para ganar la batalla.

Pero ¿el mundo, los seres humanos habremos de aprender de esta dolorosa pandemia? Hay quienes consideran que las calamidades no han generado cambios en la sociedad. A pesar del gravísimo problema de salud que han significado para la población esos sufrimientos, no hemos modificado “malas costumbres” y nuestra relación con el planeta.

Desde luego aquellas calamidades han permitió que la medicina y la ciencia avanzara de manera destacada, donde se observaron la importancia de las medidas higiénicas y la aplicación de diversos comportamientos humanos. Desde luego, unas y otras nos han regalado importantes enseñanzas.

Pero como sociedad de cara al coronavirus ¿habremos de cambiar? La condición humana nos da esa posibilidad, de solidaridad, de cuidarnos unos con otros, de tener otras costumbres, de asumir conciencia de lo que significa para, al menos, sobre vivir a este gravísimo problema de salud y poder seguir vivos.

Producto de varias entrevistas y consultas telefónicas, el diario El País publicó a finales de marzo pasado que de esta crisis “saldremos más miedosos, pero también más fuertes, solidarios y con otras prioridades y sentido de la sociedad”.

Se dice que habremos de poner énfasis en las necesidades de los adultos mayores, que habremos de vivir en la incertidumbre porque volveremos a “otro mundo distinto” que es toda una incógnita sobre cuál habrá de ser la “nueva normalidad” y que la democracia en cada país se habrá de jugar en tanto la protección social que se despliegue y no conduzca a la desigualdad.

De manera destacada se señala, en cuanto a lo tecnológico, que las grandes empresas especializadas “están amasando aún más poder y más rápidamente ante la dependencia de la red para el teletrabajo y la comunicación”, y en lo profesional se considera que las carreras sanitarias, científicas y tecnológicas tendrán un atractivo mayor para las siguientes generaciones.

Las emociones es otro de los ingredientes que el diario español considera habrá de modificarse; el agradecimiento a quienes, en la primera línea, médicos, enfermeras y trabajadores sanitarios, arriesgaron y dieron su vida por el prójimo.

Pero la mezquindad, la avaricia, la indolencia, la indiferencia, la ignorancia seguirán prevaleciendo querámoslo o no, porque son también parte de la condición humana. Allí la mentira que corre por las “benditas” o “malditas” redes sociales, donde los escrúpulos es lo de menos. El objetivo es acabar con el otro, cueste lo que cueste, aún en tiempos de pandemia. Fake news es la otra gran pandemia que como humanidad padecemos.

Después del COVID, ¿cambiaremos? La respuesta la tendremos nosotros mismos, la humanidad; la población de cada país, la sociedad, cada colonia, cada barrio, cada centro de trabajo donde estemos decididos a cambiar, a ser otros, distintos, desde lavarnos las manos, respetar, a cuidarnos unos y otros, dejar de atiborrar las tiendas, cuando no sea pertinente, y hasta amar en verdad al prójimo y no anteponer el bienestar individual.

Desde luego que seremos distintos, ya somos distintos. Ojalá sea para bien.

Que no le cuenten…

Luego de que el diputado con licencia y líder de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar propusiera dar facultades constitucionales al INEGI de medir la riqueza para que los más a ricos paguen más impuestos, se dejó venir toda una campaña con el propósito de crear pánico porque supuestamente el propósito del gobierno era entrar a las casas y quedarse con ellas, difundir sus nombres. El mismo cuento de siempre del lobo: “venezolanizar a México”. Desde luego a los empresarios no les gustó la propuesta: “¿Pagar más? ¡No!”

Fue un enfrente innecesario que más pronto que tarde el mismo Presidente Andrés Manuel López Obrador lo cerró. “No creo que sea correcto, se tienen que mantener en privado lo que significan patrimonios de empresarios y de todos los mexicanos”. ¿De por sí tantos pleitos, y todavía uno más? O será que dijo: “el buscapleitos soy yo”.

*Periodista

 

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