EN EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

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En el contexto del retorno a ‘la nueva normalidad’ el recuento de los daños en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, resulta no sólo de miedo sino de incertidumbre ante la ausencia de políticas adecuadas para enfrentar los conflictos de la contracción económica, derivada del Covid-19 que sin duda, será más profunda y traerá consigo, diversas consecuencias.

En la radiografía se ven dos contracciones económicas consecutivas, la pérdida de casi 2 millones de mexicanos desempleados en el primer trimestres del año; por supuesto el incremento de la pobreza que se prevén 12.2 millones extras y, para ponerle una cereza a esta crisis, por supuesto está el aumento de la inseguridad, que como ha quedado claro, ya obligo al Sr. AMLO a sacar al Ejército de sus cuarteles para que se encarguen de la seguridad pública.

Lo anterior, consecuencia de los casos de Covid-19, que asciende a casi 66 mil confirmados, una cifra de muertes que llega a los 7 mil 200 –cifras oficiales- porque si nos vamos a la realidad que platea México Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), está cifra podía ser tres veces superior a los datos oficiales.

Si nos vamos más a fondo, se podría acumular otros 14 mil 465 casos para éste 26 de mayo, advierten investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública y el Conacyt lo cual, dispararía la cifra oficial, que mucho se ha cuestionado y, que son datos que no coinciden con el México real del Covid-19.

Y si desmenuzamos esta información, la realidad suena desalentadora…

México Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y el Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES) han advertido que si la administración del presidente que enarbola la bandera de ‘primero los pobres’ no pone manos a la obra, se sumaran 12.2 millones de mexicanos a la pobreza, durante ‘la nueva normalidad’.

En plena pandemia y de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en el primer trimestre del año la población desocupada, entendida como la que no trabajo, ni siquiera una hora a la semana, pero manifestó su disposición para hacerlo e hizo el esfuerzo por obtener un empleo, fue de un millón 976 mil personas, la cifra más alta desde 1996.

Hay que recordar que por cada punto que cae el Producto Interno Bruto, se calcula la pérdida de 200 mil empleos de acuerdo a los especialistas, pero para este caso, en donde se suma la pandemia, la situación podría ser aún más crítica, ya que las calificadoras Bank of America (BofA) y Moody’s prevén que la economía mexicana se contraerá entre el 8 y 10 por ciento este año.

Ante esto, el presidente Andrés Manuel López Obrador, dice que esto lo va cambiar y se pronunció por menospreciar la medición del PIB y darle mayor validez al bienestar y los grados de desigualdad, “Se va aceptar si hay crecimiento, si hay menos desigualdad, y otro ingrediente en este nuevo paradigma: la felicidad del pueblo” dijo en su conferencia de prensa del pasado 11 de mayo.

Lo cierto es con sus programas sociales todo indica que no se va a solucionar esta crisis. Por ejemplo que ¿va pasar con los de dos millones de personas que quedarán sin trabajo (familias sin ingresos) que no están en el padrón de apoyos porque, precisamente, tenían empleo?

¿Cómo vamos a hacer con el millón 200 mil personas que este año van a tocar las puertas del mercado laboral porque llegaron a edad de trabajar?

Y ¿Qué va suceder con los 8 de cada 10 mexicanos que han visto su economía afectada por el Coronavirus? de acuerdo a Consulta Mitofsky.

A estos ingredientes hay que sumarles la otra ‘pandemia’ que, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la percepción de la inseguridad de los ciudadanos mexicanos aumentó, al pasar del 71.3% en septiembre de 2019 al 72.9% en diciembre, es decir, 7 de cada diez mexicanos sienten incertidumbre por su seguridad.

Esto implica, que el 72.9% de la población de 18 años y más percibe que vivir en su ciudad es inseguro, un aumento de 1.6 puntos porcentuales con respecto al periodo anterior, indican los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), por eso Obrador sacó el ejército a las calles.

En paralelo, el gobierno federal ha negado la gravedad del incremento en la violencia contra las mujeres: “tengo la conciencia tranquila con la violencia de género… estamos en contra de la violencia que se lleva a cabo contra las mujeres” ha dicho, pero en los hechos el problema es otro. En 2019 se acrecentaron en la barbaridad de 12.8% los asesinatos de mujeres por razones de género de acuerdo al propio Inegi lo cual, sin duda, con el encierro esto ha aumentado.

De acuerdo a directora del Inmujeres, Mónica Bottero, durante los dos meses que se llevan del encierro voluntario decretado por el gobierno ante la emergencia sanitaria, las llamadas al 0800-4141 que son para consultas y orientación, aumentaron un 80% y estas van en el sentido de que llama una mujer en situación de riesgo de vida, y se canalizan las llamadas al 911 para pedir una patrulla.

Pero parece que el presidente sigue en la controversia, este domingo hizo un llamado a no bajar la guardia porque advirtió, puede haber un rebote, pero su vocero de salud, Hugo López-Gatell dijo que si habrá un rebote en la enfermedad, por lo que las cosas aún están en la incertidumbre en el marco de que en México se realizan 0.4 pruebas por cada mil habitantes, contra 22.9 en el resto de países de la OCDE.

En el marco de estos conflictos el mandatario nos pide que nos olvidemos de lo material y nos concentremos en lo espiritual, lo cierto es que él no fue elegido Arzobispo, sino Presidente de la República, y su obligación es mejorar el bienestar de los ciudadanos y dar seguridad personal y patrimonial a la ciudadanía, del bienestar espiritual se encargan las iglesias, no el Estado.

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