ESPECIAL MERCANCÍA DE LA NAO DE CHINA

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Qué tal amigos, continuamos con la lectura de parte del libro: La nao de China. El Galeón de Manila y el comercio marítimo en el siglo XVII. De Beatriz Palazuelos Rosenzwig de Editorial Trillas. Ahora conozcamos más sobre las mercancías que se intercambiaban.

Y es que, sin hacer gran esfuerzo, las necesidades de ostentación de españoles y novohispanos de la capital y de los grandes centros mineros como Taxco, Zacatecas y Guanajuato, en donde se concentraba la riqueza de Nueva España, tenían a su alcance en Acapulco todas las preciosidades de Oriente.

Uno de los signos distintivos de la aristocracia era el de vestirse de sedas y, por ello, dada su ligereza, su facilidad de transporte y su adaptación al volumen de carga del galeón, el cargamento más valioso e importante de la nao de China fueron dichas sedas. Así como la almohada, y las almohadillas o acericos todo realizado con telas preciosas ricamente bordadas con hilos de oro, en cuyas cabeceras se acostumbraba colgar un Cristo de Marfil.

A principios del siglo XVII, empezaron a llegar las figuras de marfil trabajadas habitualmente en las provincias de Cantón y Fujian en China, o elaboradas por la comunidad de chinos en Filipinas. Los Cristos fueron las imágenes hechas con más minuciosidad. Se tallaba en un solo colmillo de elefante, que por su curvatura representaba mejor al cuerpo sobre la cruz.

Destinados a los oratorios de las casas de las familias importantes, y sobre todo para las iglesias y conventos, llegaban las figuras de santos, de niños Dios, de arcángeles como el San Miguel de la Basílica de Guadalupe, o cabezas de vírgenes en marfil, para hacerles en Nueva España un cuerpo de madera, vestirlas de brocados, adornarlas con perlas y corona de oro y plata.

Debido a su rareza y a su precio, otro objeto muy valioso de decoración fue la porcelana. Algunas se traían del Japón o de Filipinas, pero fueron las porcelanas chinas, sobre todo en azul y blanco; las más gustadas en Nueva España.

Tan grande fue su demanda que los chinos no tardaron en ajustarse a la forma, diseño, y decorado solicitados, que lucían aves fénix o grandes flores rojas o rosa llamadas peonias, y chinos con coleta y parasol.

Bajo el nombre de loza de China, la porcelana, el cargamento más importante del galeón de Manila después de los textiles, llegaba cuidadosamente empacada en forma de vajillas, tibores, jarrones o piezas sueltas como platos, tazas o mancerinas. Las casas de abolengo decoraban con tibores chinos, que podían medir hasta un metro y veinticinco centímetros, sus salones, antesalas, corredores o hasta el oratorio. Ya para finales del siglo XVII, se empezaron a enviar porcelanas calidades, permitiendo que hasta las casas más modestas contaran con una pieza. Terminamos por hoy, mañana seguimos, buena tarde.

tere_wk@yahoo.com.mx

FACEBOOK: Mary Tere Schepers

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