SEMÁFORO NARANJA

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Regresamos a una anormal normalidad, con un semáforo que se ha puesto naranja para la Ciudad de México pero rojo para los vecinos del otro lado del camellón, como es en el Estado de México.

En la calle cada quien circula, cada quien se entiende, cada uno por su lado, todos desconfiados, alejándose unos pasos cuando alquien viene caminando del lado contrario.

Nos asomamos a los primeros comercios que han abierto, con cintas para que las personas no entren y poder atender a distancia, los de comida han puesto una separación con plástico y una especie de ventanilla para entregar producto.

En el transporte público no todos traen cubrebocas, muchos lo traen puesto, otros se lo bajan para hablar por teléfono o para platicar con quien comparten el trayecto, en los tianguis parece día de fiesta.

Por mas que en las oficinas y centros de trabajo se establezcan medidas de protección, las calles y los espacios de convivencia pública, seguirán siendo sitios de alto riesgo.

Nos queda claro que las autoridades tampoco están de acuerdo en como enfrentar la pandemia, los números no coinciden mas que en estar a la alza y que esto no se podrá controlar hasta que no surja una vacuna la cual no está cerca.

Cada día hay mas desempleo, familias enteras están cambiando sus hábitos de vida. Cientos de estudiantes ya no podrán asistir a una escuela privada y el sistema escolar público no tiene la capacidad de recibir a todos.

Empresas medianas y pequeñas están desapareciendo y no podrán recuperarse. Ya son muchos los locales que aún mantienen su identidad gráfica en las paredes y cortinas, a la que se le agrega un cuadro de “se renta”, son empleos que no regresarán.

Faltan muchos sectores por abrir, están seguramente desesperados por entrar en acción, aunque subirán al ring de nuevo con un brazo atado, parche en un ojo, la guillotina de hacienda y créditos que no se podrán cubrir en el corto plazo.

Lo mas triste en México, es que no vemos que todos estén remando para el mismo lado, con un plan, una estrategia donde estén representados los diversos sectores y sepamos la dirección a donde nos dirigimos.

No hay diálogo. Si entendemos el diálogo como el intercambio de ideas, sentimientos, o puntos de vista sobre un tema, lo vemos poco. Vivimos en una época de fuerte intolerancia, donde las palabras no bastan para promover la transformación que todos deseamos y que nos afecta como familia, grupo y sociedad.

Cuando hay diálogo, las ideas edifican y los conflictos encuentran cauce, por el que todos podremos transitar, a través de la aceptación, la tolerancia y el respeto. En una conversación inteligente, podemos ser capaces de entender que de las diferencias surgen las opciones. El diálogo es fundamento de toda sana relación social y hace posible la vida democrática.

El filósofo alemán Hans-Georg Gadamer pone las negociaciones políticas como un ejemplo de la absoluta necesidad del reconocimiento del otro y de sus derechos, para que el diálogo entre las partes tenga éxito.

Solo así un país podrá salir adelante. El gran maestro e ingeniero Heberto Castillo, quien fue candidato a la presidencia y declinó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas (lo que pasó es otra historia) tenía como lema de campaña “Mas poder a la gente, menos al presidente”. Cuanta razón tenía, su congruencia ideológica y su realismo intelectual, lo distinguieron siempre. Eterno defensor de la democracia y la libertad de expresión, decía que para preservar un criterio independiente y emitir un juicio justo y comprometido, el hombre debe resolver primero su problema económico y de subsistencia en la sociedad.

Nuestra sociedad es heterogénea, por ello hay que dialogar, hay que negociar, hay que avenir y en eso ocurre todos los días.

Una democracia no se construye sobre el vacío, se tiene que construir sobre acuerdos, de principios, valores, ideales, intereses.

¿Como se saldrá de la pandemia mejor? Si abonamos al terreno del diálogo, y solo apuntamos a lo que Europa anuncia como estrategia para repuntar el turismo tras su cierre por Covid. Países como Italia y Bélgica anuncian que costearán parte de los gastos de vuelo y hospedaje para atraer viajeros. Para el turismo local proponen regalar viajes en tren y hasta un bono de 300 euros en Bélgica, para promover el consumo en restaurantes y comercios. El diálogo lo hizo posible.

¿Porqué nuestras autoridades, no buscan el diálogo?

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