SUPONIENDO, SIN CONCEDER

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Como es usual, en casos de muertes violentas de personas con cierto reconocimiento social, con ello me refiero a que, por ejemplo se dio un trato muy diferente al atentado contra el Secretario de Seguridad de la Ciudad de México, que a la muerte, en los mismos hechos de Gabriela Gómez –esta vez no hubo ni siquiera manifestaciones feministas, ni nada parecido medianamente a la sororidad- o bien a la muerte de los escoltas del secretario, identificados por cuestiones de seguridad como Rafael O. y Edgar G., los políticos se apresuraron a decir cosas de políticos: Que no los van a intimidar; que fue por el buen trabajo que se está haciendo en contra de la delincuencia… y toda una serie de frases muy hechas en nuestro México, en que la violencia es la normalidad, por lo que este tipo de frases se han venido solidificando. Imagino que al respecto, los políticos han de tener una especia de Libro con todas estas frases que nos dicen cada que ocurre este tipo de cosas, por cierto usan el mismo libro sin importar la procedencia o filiación política, en este sentido es un libro neutro.

Para tratar de normalizar y minimizar la situación incluso se llegó a decir que eso ocurre en todo el país. Pues, no. No ocurre en todo el país. Y no ocurre en todo el país, porque en otros lugares, para empezar, no se tiene la cantidad de policías (locales) que se tiene en la Ciudad de México, tampoco se cuenta con la cantidad de cámaras que se tienen en la Ciudad Capital. En segundo lugar, el Campo Militar número 1 se encuentra a cuatro kilómetros del lugar de los hechos (ocho minutos en vehículo). La Agencia de Investigación Criminal de la Fiscalía General de la República se encuentra a seis kilómetros (quince minutos en vehículo). De la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (federal) a seis kilómetros (nueve minutos en vehículo). El Campo Deportivo Militar Marte se ubica a menos de cuatro kilómetros (10 minutos en vehículo). Las oficinas centrales de la Guardia Nacional a dieciocho kilómetros (veinte minutos). CONTEL centro neurálgico de la Guardia Nacional a 23 kilómetros (treinta minutos). El 24 Batallón de Policía Militar a once kilómetros (14 minutos). El Batallón de Infantería de Marina a veinticuatro kilómetros (30 minutos). Y, por cierto, el Centro Nacional de Inteligencia a diez y ocho kilómetros (23 minutos en vehículo) –datos tomados de Google Map., por lo que no representan mayor ciencia-.

A más de lo señalado, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México cuenta –en general- con una fiscalía Desconcentrada en cada alcaldía, la de Miguel Hidalgo, a cinco kilómetros de los hechos (11 minutos).

Si mapeamos el lugar en que ocurrieron los hechos veremos que prácticamente se encuentra rodeado de agencias policiales (federales y locales). Aquí hay una diferencia muy marcada que tengo que resaltar. En otros lugares del país, en que se dan ataques o ejecuciones lo común es que las policías o bien no llegan o tardan lo suficiente en llegar de tal forma que los delincuentes realizan su ataque y tienen tiempo de sobra para huir. Y no llegan por tres razones: 1) Por el temor al poder de fuego de los delincuentes, una escena asombrosa que vimos en la Ciudad de México, los policías locales que aparecen en los videos que se dan a conocer corriendo con pistolitas tras los delincuentes y aun así los detuvieron, bien es común que precisamente por esto no lleguen al lugar de forma inmediata. 2) No llegan porque están coludidos con los delincuentes; 3) No llegan por lo poco accesible del lugar en que se realizan los hechos. En este caso el tiempo de reacción fue muy poco, de ahí las detenciones, aunado a la excelente labor de los operadores de las cámaras. Esperemos que no hagan una ceremonia para premiarlos y los exhiban ante los delincuentes, por el momento los policías ya tienen suficientes problemas porque tendrán que acudir al juzgado a rendir testimonio, y ahí, lo más seguro es que estarán solos. En esto sí es igual al resto del país.

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