TRÁFICO DE DROGAS TRANSNACIONALES

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Fue en esa época cuando conoció a Castro Ruiz Urquizo, que la traslada consigo a Ciudad Juárez, donde aprendió sobre el tráfico transnacional, en el seno de una de las familias más prominentes en el negocio fronterizo.

Pronto engendraría dos hijas: María Luisa y Dolores, las cuales más tarde también ingresarían al negocio de tráfico de drogas, para consolidar su matriarcado y regresar a Ciudad de México,

Estévez continuó con la ya inveterada tradición familiar de abrir un puesto de comida en La Merced, un expendio encubierto para disfrazar sus importantes negocios de marihuana, morfina y heroína en la década de 1920.

A finales de la década de 1930, La Chata comienza a ser notada por los gobiernos de Estados Unidos y México como una de las personas responsables de la creciente accesibilidad a narcóticos en Ciudad de México.

El imperio de Estévez se extendió desde México hasta Canadá y se construyó a partir de conexiones familiares y sexuales, que era a lo que se veía reducida como mujer a principios del siglo XX.

Se casó con un ex policía, Enrique Jaramillo, en cuyo taller de mecánica, en Pachuca, instalaron un centro de distribución, el cual se vio beneficiado por sus contactos con la policía, la burocracia y la clase política, que proveía información y protección a cambio de dinero.

Otro de sus cómplices conocidos fue Enrique Escudero Romano. Las relaciones de Estévez con hombres, aseguraron que su negocio pudiera expandirse más allá de La Merced.

Jaramillo, traficante ya conocido, y Escudero, eran quienes mantenían contactos y laboratorios fuera de la capital. Wikipedia.

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