PROTEGIDA POR POLICÍAS PERO CAYÓ EN LAS ISLAS MARÍAS

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La Chata fue considerada peligrosa por los gobiernos mexicano y estadounidense, incluso fue calificada de amenaza con similar rango al de otros narcotraficantes, incluido su propio esposo, lo que trastocó el estereotipo de las mujeres en el narcotráfico de la época.

Así, Estévez surge como figura dominante en el trasiego y venta de estupefacientes en un tiempo en que ser mujer en y alrededor de esa actividad era el de víctima, tras la infiltración de traficantes en centros urbanos después de 1930.

Su presencia e imagen ni de lejos era pasiva, menos aún ingenua, como pudiera haberse pensado.

El jefe del Departamento de Salubridad Pública del gobierno de Lázaro Cárdenas, el Doctor Leopoldo Salazar Viniegra, 1938-1939, comenzó una campaña a finales de la década de los 30 para desmitificar a la marihuana y para dejar de perseguir a los adictos como criminales- El plan fue para tratarlos como necesitados de un tratamiento médico.

La persecución, según Salazar, debería concentrarse en los traficantes, más que en los adictos. Salazar fue uno de los principales persecutores de la Chata.

Lola la Chata fue arrestada siete veces de 1934 a 1945 en Lecumberri, la Cárcel de Mujeres o las Islas Marías.

Durante sus estancias en prisión mantuvo un estilo de vida acomodado, con sirvientes y una mujer que la visitaba una vez al mes para arreglar su cabello.

Recibía muchas visitas que buscaban un consejo o ayuda, así como visitas conyugales y de sus hijas.

Incluso se hablaba de que Estévez mandó construir un hotel y pista de aterrizaje en las Islas Marías para la comodidad de sus hijas durante sus visitas.

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