Del tosco asidero del tranvía, terminaba de ahorcarse la mano vieja y llena de nudos, sarmentosa, lívida en los estertores de la asfixia –cerúlea después-; quedó colgada con uno de sus dedos abiertos, despatarrados, engarrotados y fríos. Sus uñas combas, pañosas de nicotina, con negras cenefas en los bordes –luto, mugre adoptaron actitudes de solemnidad … Sigue leyendo LA MANO SUICIDA
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