DOÑA JUANA CATALINA ROMERO

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Se le describe a Doña Juana Catalina Romero como una bella mujer de “piel bronceada, joven, hermosa, esbelta, fina y elegante”.

 

A principios del Siglo XIX nació el mito de esta mujer legendaria.

La historia de la vida de Doña Juana Catalina Romero, más conocida como Juana Cata, no puede verse separada con el desarrollo cultural, educativo, económico y espiritual en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, que tuvo desde finales de los años 1800s, hasta los primeros del Siglo XX.

Juana Cata inició su actividad económica vendiendo tabaco que ella misma preparaba, en hojas de mazorca.

Su niñez y juventud estuvieron marcadas por las limitaciones que forjaron su carácter tenaz y emprendedor, fundó en el barrio de San Sebastián, en el Istmo, su primer comercio, la tienda “La Istmeña” y posteriormente se dedicó a la exportación de la grana cochinilla que se obtiene de la plaga del nopal, el añil y además, fue pionera en la industria mexicana al convertirse en la mayor productora y exportadora de azúcar durante el Porfiriato, al grado de obtener reconocimientos internacionales de países como Estados Unidos e Inglaterra.

En su mocedad, jugaba billar, vendía cigarros, era libre, pasional e industriosa, se hizo respetar por su altivez bravía y el dominio de las armas de fuego, ya como mujer madura fue visionaria, empoderada, altruista y justa, que supo vencer la adversidad en su época para contribuir a la causa republicana de Benito Juárez durante la intervención francesa.

Juana Cata también aportó al modelo educativo, con la instauración de colegios de educación media en el Istmo de Tehuantepec, es la heroína de la identidad Istmeña, que llegó a ser la más influyente e importante en la zona.

Nunca se casó ni tuvo hijos propios. En su vida sentimental aparecen dos hombres a los que se les relaciona sin que hasta el momento haya pruebas contundentes. Remigio Toledo, un liberal que defendió a México contra los franceses en la batalla de Puebla, pero que en 1864 se pasó al bando de los imperialistas galos.

Y Porfirio Díaz, joven capitán que fue nombrado jefe político de Tehuantepec en 1858.

Doña Juana Cata vivió con muchas leyendas, mitos e inclusive le llamaron bruja; sin embargo, la mayoría la conoció como “una mujer benefactora que amó a su tierra”.

Y así, amigos de Latitud Megalópolis, por hoy terminamos. Reciban un gran saludo, ¡hasta la próxima!

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