Para los niños de ayer, habitantes del Pachuca de mediados del siglo pasado, el pachuqueñísimo verbo “Guerreriar” definía una típica actividad con la que se calificaba a los vespertinos paseos realizados por la animada calle Guerrero, fundamentalmente desde su cruce con Bravo y hasta su encuentro con avenida Juárez.

En tal arteria, tenían asiento los más importantes comercios de aquel Pachuca, rivales de los asentados en las calles Hidalgo, Ocampo y Doria, incluyendo a los ubicados en los jardines Constitución e Independencia, donde había también significativos almacenes. La calle Guerrero, otrora “Salida para México”, surgió a la vida citadina como arteria comercial a partir de los años veinte del siglo pasado y rápidamente se pobló de importantes giros mercantiles.
Fue precisamente al principiar la segunda mitad del siglo XX cuando inició el gran despegue comercial de esta calle. Cómo no recordar las puertas del cine Pineda Alameda a partir de 1952, donde tuvo asiento la taquería La Feria, abierta toda la noche, colindante con el pequeño restaurante El Rinconcito, donde, se asegura, inició la confección de las famosas tulancingueñas, dobladas de sofritas tortillas rellenas de queso amarillo, cebolla, jitomate y una raja de chile chipotle. En esa misma acera, muy cerca ya de su cruce con la calle Doria, se encontraba La Puerta de Sol, popular tortería atendida por don Baldomero Ortiz, rey del sabor, el buen humor y de los pachuqueños albures, que atendía también al lado de la tortería un exitoso negocio de venta y reparación de basculas comerciales. Concluía este tramo de la calle Guerrero en La Brocha, conocida tlapalería atendida por el diligente señor Federico Valderrama, donde lo mismo se expendían botes de pintura de una popular marca, que diversos productos para la construcción y mejoras del hogar.

En la otra acera, todo iniciaba en la puerta trasera de Banco de Comercio, vecino del merendero El Camello, nacido 70 años atrás, en la calle Doria, y trasladado a esta arteria hacia finales de los años treinta del siglo XX, atendido con gran gentileza y cortesía por su propietario, don Pedro Rodríguez. Famosos fueron sus cocoles rellenos de “cahuiche”, fruto rojo de sabor agridulce originario de esta región minera, con el que don Pedro confeccionaba una sabrosísima mermelada. Se cuenta que la propia María Félix gustaba tanto de los cocoles de cahuiche, que alguna frecuencia enviada al Camello para proveerse de una buena cantidad de esas exquisiteces. Famoso fue también el chocolate confeccionado con leche o agua, que era acompañado de diversas piezas del llamado pan de dulce o bizcocho, expendido en el pachuqueño Camello.
En la misma acera oriente se encontraba la sombrerería y bonetería Aldana, que exhibía los sombreros de moda, entonces muy usados, cuya finura se media por el número de “X” colocado después de la marca. Enseguida se ubicaba la perfumería Colombia, en cuyo aparador se exhibían los frascos de la más diversa perfumería femenil y varonil. Para ellas, de las marcas Myrurgia, Shalimar y Eau de Rochas; para ellos, Jockey Club, Agua Velva, Yardley y otros muchos.

El siguiente comercio ubicado en esta misma acera fue por muchos años la tlapalería La Sirena, que más tarde dio paso a Casa Baltierra, propiedad de Juanito, el más joven de los Baltierra, donde se vendían discos de acetato y diversos enseres eléctricos. Terminaba este tramo de la calle Guerrero, en su cruce con la calle Doria, en una de las cantinas de mayor fama en el Pachuca de aquellos años: Los 4 Vientos, que aludía al ventoso ambiente que predominaba en el Pachuca de esos años, ciudad que con sus cerca de 60 mil habitantes se tendía en un reducido espacio urbano, que como señalara el doctor Nicolás Soto Oliver, podía recorrerse de lado a lado en un lapso de 20 minutos.
Ya en la década siguiente, Los 4 Vientos cerró para dar paso a un pequeño negocio, paraíso de niñas y niños, pues en él, además de ropa para infantes, se expendían algunos juguetes de bajo costo, que solían exhibirse en sus aparadores, cuyo nombre inolvidable para los peques de entonces era Casa Escamilla. La placa que ilustra esta nota corresponde precisamente a la esquina de Guerrero y Doria donde se ubicaba la cantina Los 4 Vientos, hacia 1955.
En los siguientes espacios semanales de esta columna, caminaremos por los siguientes tramos de esta calle, columna vertebral del Pachuca de mediados del siglo XX, cuya travesía quedó registrada con el verbo “Guerreriar”.
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