Respeto la conmemoración convencional, y aún más la cargada de verdadero amor, honestidad y sobre todo ¡Respeto!
Miro alrededor, y sorprende hubo, ¡Tanto hijo con padre!, ¿y los otros días?, ¿dónde están?
El regalo, lo de menos, su costo, aún menos, ojalá y fuera ¡Valorarlos! En vida, porque muertos, flores, lágrimas, recuerdos ¡Hipocresía! Y hasta arrebato de sus cosas.
Conveniencia, mentiras y actos ¡Podridos! De hasta quienes ni los conocieron o no vivieron con ellos.

De esos hijos, que les importa más qué dejaron o supuestamente quién se quedó todo.
Antes algunos dan menosprecio y hasta ofensas. ¡Que triste!..
Allá la conciencia de cada quien, a esa no se le ¡Engaña!
También recuerdo al mío, que no fue todo lo bueno, y ni así lo ofendí o le falté al respeto, no sólo porque mi cabeza quedaría al revés de un bofetón, sino, además, porque era ¡Mi padre! Bueno o malo, ¡Mi padre!
Ese que no era de derechos, no era de reciprocidad. Era de imposición de su figura de ¡Padre!
Tampoco fue el supermán ni el héroe, fue un hombre con un montón de defectos que aún recuerdo, hasta en cicatriz.
A veces me lleva esos recuerdos a la tristeza, a veces a la amargura, aunque nunca al odio ni al remordimiento de conciencia.
Ni a faltarle al respeto, aunque su actitud provocaba hacerlo.
¿Y saben por qué? Porque me enseñó, que era mi ¡Padre! Que se le ama como es, y no se justifica nunca, aunque tuviera errores, faltarle al respeto.
Tan mal estaba a veces, que decía que pedir perdón era de… Hoy no lo creo así, a veces se necesita humildad de ambas partes.
No guardo rencores de nada, aunque a veces injusto, muchas enérgico, y por demás, insultante por el mínimo error de sus hijos.
Si le tuviera rencor, debería de tener también dignidad, vergüenza y no vivir en su casa, como lo hago.
Lo amo, porque siempre estuvo con nosotros.
Un hombre duro, siempre orgulloso de su hija periodista, a la que le exigió más que a nadie y la quiso a ¡Su manera!
A su hija, la mayor, que igual que a los otros tres, nos obligó a nunca estar, ¡Nunca! Por encima de mi madre ni de él.
Era, ¡Respeto! Aún en lo injusto. Aún cuando muchas veces, no era el ejemplo a seguir.
Aunque en otras, debimos replicar, sobre todo sus conocimientos y sus habilidades.
“Don Agustín”, sí, “Don Agustín” al que hasta mis primos tenían miedo, es a él al que le escribo, y a los hijos, a esos que creen que con regalos honran a su padre, a esos que los ven sólo como proveedor y no como ¡Padre!
A ese mi padre, que si viviera, a todos, a todos nosotros sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus sobrinos, y agregados hubiera mandado a ¡Chingar a..! Por ver que no hay respeto o abusamos sobre todo de su ¡Casa!
De la figura maternas y paterna.
Uf, no quería escribir y me salió. ¡Felicidades! A los buenos, malos y pésimos padres. Y sobre todo, a los hijos, a esos que deberían regalar un momento de introspección, para reflexionar, para obsequiar su cambio, y sobre todo, su ¡Respeto absoluto! A ese que hoy, dicen festejar, y mañana ¡Olvidan! O ¡Abusan!