Yo empecé escribiendo poesía, así de la nada siempre una historia asomaba entre mis días.

Pero luego, luego ahí apareciste tú con esa sonrisa angelical que entre cada movimiento me insinuaba gotas de felicidad.
Y mientras poesía escribía, tu nombre se colaba entre mis líneas.
Y con la perfección de tu mirada y tu piel tersa y liviana, yo viajaba por lugares donde tu nombre era mi guía.
Eres presagio de una felicidad infinita, te delineó en mis sueños imaginándote risueño y con tu cara tan bonita.
Yo empecé escribiendo poesía…pero llegaste tú y se me agotaron los versos, las rimas y las líneas.
Llegaste tú y entonces descubrí que no había una forma para explicarte, por qué era imposible creer que tú existías.