Es tan difícil para nosotros los humanos desprendernos de situaciones o cosas con las que generamos apegos emocionales.

La gran mayoría del tiempo vamos por la vida fijando nuestros ojos en todos esos eventos desafortunados que aunque forman párte del pasado y que de ninguna manera tienen ya solucion, les damos la oportunidad de determinar nuestro presente.
Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.
Mateo 8:21-22
Las cosas que no tienen solución y de las que nos empeñamos en afligirnos, nos quebrantan el espíritu, de una manera tal que nos ciegan ante ese universo de posibilidades que día a día Dios nos ofrece con su infinita misericordia, el pasado es un muerto, al que ya no vamos a poder revivir, el futuro es Dios nuestro señor ofreciéndonos la dicha de poder seguir adelante.