MUCHO QUE FESTEJAR

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En verdad no tienes idea, mi querido lector, lo mucho que he esperado este día. No sé si ya lo he escrito antes, o solamente lo he repetido para mí.

Pero, Hace un año y en plena pandemia, como de hecho aún seguimos aquí en mi país, mi México amado y en el resto del mundo, aunque cada lugar lo vive un poco o un mucho diferente, cumplí 60 años.

Qué ingenua me vi, creyendo, a pesar de todo lo vivido, experimentando y estudiado en estas seis décadas, al pensar que estaba comenzando un nuevo ciclo. Para nada.

Apenas estaba cerrándolo. En estos doce meses, me fui dando cuenta de que vivimos en un mundo numerológico decimal, y que el cierre verdadero es al llegar al cero, sí, pero la cuenta nueva se da cuando entras al siguiente número.

Entiendo que para muchos de ustedes mis queridos lectores, este concepto pueda ser diferente y no estén de acuerdo conmigo.

Se dice, y no pasa nada. Cada quien escribe su propia historia.

En el tiempo que transcurre entre el cierre de una década y la nueva cuenta, 61 para mi es como un portal energético, de más de tres dimensiones, durante el cual, para mi más alto bien, debía suceder una gran transformación.

Un tiempo de preparación. Un espacio para reflexionar, madurar y evolucionar. Un tiempo de evolución personal, Para saber recibir todo lo que sigue en mi vida.

Ahora sí, hablando en términos prácticos, ya me bañé y me vestí, estoy lista para todo lo que va e irá llegando en mi década por vivir: salud primero, paz, alegría, amor, éxito, y todas esas cosas bonitas que me han deseado mis amigos y familiares.

Estoy lista, con zapatos cómodos y ropa limpia para andar mi camino de vida, al cual todavía le sobran páginas.

Quienes quieran venir conmigo, como decimos en mi tierra, ¡Agarren el paso!

Con amor, muy feliz y llena de gratitud,

Marissa Llergo.

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