La muerte es parte de la vida, para muchas personas su sola mención es motivo de rechazo. Les comparto algunas reflexiones que me compartió la Dra. Lidia Hernández Moreno, anestesióloga y especialista en medicina del dolor y cuidados paliativos.
Nos convertimos en padres de nuestros padres cuando llega el momento de su muerte afirma la Dra. Hernández.
Porque nos toca abrazarlos, bañarlos, darles de comer, acariciarles el alma con nuestros cuidados y nuestras palabras. Nos convertimos en el sostén de su alma cuando recordamos a través de nuestro cariño la calidez que ellos nos han brindado toda la vida.

Por ley de vida ahora, nuestros padres llegan a edades muy avanzadas, lo que conlleva un deterioro que exige una protección, un cuidado, un cariño y una contemplación especial. Etapa indispensable para elaborar el duelo.
Uno de los grandes misterios de la existencia: quizás el más grande es la Muerte. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Lo máximo que se consigue es a asumirla y convivir con ella.
En la orfandad dejaremos de ver a nuestro padre o madre, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida., Enfrentarlo incluso en edad adulta, es una experiencia sobrecogedora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Opción que desaparece para siempre tras su muerte.
No solo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos, de reiterativos consejos, de manías. Todo comienza a extrañarse de un modo inverosímil. Las experiencias quedan sumergidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.
Le decimos adiós a la infancia y a la juventud. Le decimos adiós a padres, hermanos, parejas y amigos. Nos despedimos de lugares entrañables y de momentos que jamás olvidaremos.
¿Sería justo decir que la vida es una sucesión de finales y comienzos? Cierto es que todo lo que empieza tiene que acabar para dar lugar a lo nuevo. Pero no siempre estamos preparados para decir adiós. No siempre, tampoco, llevamos esos finales a buen término.
Asumimos que la vida no termina con la muerte y por eso diseñamos formas para decirle adiós al que se va y confortarnos los que quedamos. Un adiós supone asumir una nueva perspectiva frente al pasado y al futuro, cambiar todo aquello que era habitual por algo nuevo que todavía no hemos construido. Implica también la conciencia de tener que aceptar un sufrimiento y de tramitarlo.
Yo agregaría; este es un tema fuerte, todos tenemos seres queridos que se han ido. Y seguro al leer estas reflexiones que nos comparte la Dra. Hernández estamos recordando a nuestros amores que han partido.
La muerte no nos quita a los seres amados al contrario los inmortaliza en el recuerdo.
Dr. Antonio Castellanos Barroso dr_castellanos@hotmail.com 55 62 79 6163