Que tal amigos, este día les platicaré de una mujer muy peculiar y es que, son pocos los casos de damas que se inclinaron por la labor de cargar y descargar bestias y lidiar con ellas por no ser un empleo para mujeres, por sus características de trabajo pesado y peligroso.

Obvio, se desarrolló como un oficio exclusivo de varones; tuvo excepciones como en todas las reglas no escritas, en particular conocemos los casos de dos mujeres que dejaron su huella en los anales de la historia, ahora les platico.
Catalina de Erauso o, la Monja Alférez, famosa en Nueva España-México en el siglo XVII y Doña Eulogia Villagrana, fueron dos mujeres que rompieron los esquemas, en diferentes épocas.
A los 15 años, después de un altercado con otra religiosa, huyó del convento, adoptó el traje de hombre y luego de varias correrías en España, emigró a América en un barco mandado por Esteban Eugenio, su tío, hermano de su madre.
Sentó plaza de soldado en Chile y alcanzó grado de alférez.
Tenía carácter explosivo, que le acarreó peleas, duelos, y sin saber, dio muerte a su hermano el capitán Miguel de Erauso, así como a herir y ser herida en varias ocasiones.
La encarcelaron, pero logró su libertad, como ya estaba conocida en Chile decidió embarcarse a Nueva España, llegó a Veracruz donde sentó su residencia, se hizo de una posada y de una recua de mulas que ella misma arriaba.
La actividad, le sirvió para traficar y transportar distintas mercancías, en esa etapa se hacía llamar Alonso Ramírez o don Antonio.
Felipe IV tuvo conocimiento de sus méritos, por ello la recompensó con una pensión, por su parte, el Papa Urbano VIII no sólo la perdonó sino que la autorizó para seguir usando el traje masculino.